domingo, 14 de noviembre de 2010

Capítulo 91: En la Cama

Evité el momento. Pero cuando los momentos son inevitables, no hay donde esconderse.
"Cómo estaí con el Brian?" le pregunté.
"Bien. Súper bien"
"Qué bueno"
"Y tú estaí bien?"
La oscuridad te permite mirar el brillo de los ojos de la otra persona. Me giré y le contesté atravesándola con la mirada. Se notaba preocupada. Yo no la quería preocupar.
"Tranquilo"
"Entonces no bien" me dijo atenta.
"Hay balas pasadas, pero se quedarán ahí. No tengo como sacarlas. Así que queda asumir, no más"
"Sé que no quieres hablar del tema. Jack me actualizó de todo" me dijo, pidiendo tras líneas que le contara la historia.
Y lo hice.
"Hemos tenido mala cuea" me dijo.
No pude evitar reír. El hermano de Jack dormía en la cama continua.
"Pero tú estaí bien ahora. Estás muy enamorada. Tení que vivir la relación, nada más" le dije.
"Si. Al principio tuvimos ene problemas. Pero estamos la raja" me dijo con una voz de alivio que desde hace mucho tiempo no percibía en sus labios.
El silecio se adueñó de la pieza. Isabella y Jack dormían tranquilos en el living. Con Ibzen estabamos ahí, tratando de arreglar el mundo.
"Te echaba de menos, agüeoná" le dije
"Yo también, culiao"

sábado, 13 de noviembre de 2010

Capítulo 90: Navidad Anticipada

Cuando uno menos se los espera, y tal vez en el momento más exacto, llegan pequeños regalos que permiten hacer esto más facil.

Estaba conversando con María, buscando encontrar nuevamente el camino. Al final, y aunque en algún momento pensé que nunca más hablariamos, siempre está ese extraño sentimiento que vive en mí por su persona. Así que hace unos días decidí hablarle y escudriñamos las opciones. Entonces mientras anoche hablaba con ella y le contaba las cosas que había hecho, en la barra del chat de Facebook apareció una ventana que por un momento me cristalizó la sangre. Era Nadia.

Nadia apareció en los primeros capítulos de este blog. Tenía como apodo "Patricia", sin embargo hoy decido llamarle por su nombre.

Me habló sólo para saber de mí. Nada más. Y para decirme que nos juntaramos. Le dije que la había visto y que Martin estaba muy grande. Tambien me dijo que me quería mucho y que aún seguía siendo su mejor amigo.

Hay cosas que aquí y allá nunca podremos comprender.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Capítulo 89: Entender

"Crees en fantasmas?" me preguntó, observando atonito la televisión.
"No. Tú?" le pregunté.
"Tampoco" me dijo sonriendo con esa mirada angelical, pura.
"Y los que viste en la casa?"
"Esos no son fantasmas. Son personas" me dijo clavandome la mirada. Luego siguio viendo el televisor.

Rubén terminó con Karla hace dos semanas. Le dijo que ya no la amaba. Así de sincero el tipo. Eso es bueno. Cortar todo de un tirón y no dejar esperanzas de un regreso. Las cosas para la otra persona se hacen más facil. Un poco más, obviamente, ya que llevaban un año y medio de una buena y linda relación. Pero de repente algo se quebró dentro de él y paf! abajo todo. Bye bye. Y Karla trató de contactarme. Los perdidos entre la penumbra siempre buscan a alguien que pueda ver las cosas de arriba. Desde la altura todo se ve mejor. Así que hablamos. Estaba dolida, desorientada. Había un pequeño sentimiento de tranquilidad al saber que lo había dado todo por no perder lo que tenían, pero al tipo se le ocurrió salir con un pastelito bien desagradable. Se dio cuenta que al final la decisión no era del todo acertada. Que la extrañaba. Que aún sentía algo. Una mierda. Y mi prima se vio descolocada frente a las millones de sensaciones que genera la posibilidad de que existe una luz. El amor que le tiene sobrepasa a su sentido común y la envuelve en una red de esperanzas extrañas. Mas aún si Rubén, un hombre de 19 años, no tiene idea de lo que quiere en la vida. Sé que no lo hace de malo. No es un mal tipo. Pero su ambigüedad frente a lo que dijo socaba a mi prima en una cueva de la cual no pude salir.

Más allá de sufrir por no tenerlo al lado, sufre porque él no tiene claro el camino a seguir. Le dijo que no quería saber más de ella, pero después quiere saber de ella y juntarse. Entonces, Karla no puede tomar determinaciones tampoco. Qué quiere el bebé? Que ella esté cuando a él le baje el cariño? Y donde queda lo que mi prima siente?... No importa?

A veces el no estar seguros hace que despidamos luces de cosas que no queremos y desde el otro lado captan mal el clave Morse. Es mejor abrir el camino y no sembrar lo que no queremos cosechar. Recuerda que al otro lado hay un alma que necesita entender.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Capítulo 88: Procesos

Sigue el maldito proceso que necesitas seguir. Si te saltas tus procesos, no puedes resetearte y cometerás errores que a la larga te harán daño a ti. Yo no seguí el mío y ahora estoy comenzado a seguirlo. Disculpa Proceso por haberte ignorado todo este tiempo. Te juro que nunca más lo hago. Te extrañaba idiota.

Es como estar atrapado por una tempestad. Las olas a momentos te hunden y ahogan, a ratos te dejan respirar. El silencio da paso a las conclusiones más exactas, pero los movimientos raros las oscurecen.

Capítulo 87: 23

Como grupo, no somos mucho de sentarnos a hablar y declararnos el mutuo amor que tenemos el uno por el otro. Sinceramente, cuando uno tiene un problema que conversar, no se conforta al afectado, si no que se tocan todos los puntos de vista posibles, con la más fría mirada. Los instantes para declarar a la fuerza lo mucho que nos apreciamos se viven de a dos, pero nunca cuando estamos los tres.
Así que lo que no nos gusta expresar en grupo, lo filtramos mediante una celebración diferente el día del cumpleaños. Ayer Jack cumplió 23.

Llegué con una torta, un six pack de Budweiser y un paquete de Doritos, sabor Pizza. Mi amigo e Isabella prefieren los de sabor Queso, pero no habían donde hice las compras.
"Qué pasó?" me preguntó Bonita.
"No hay Doritos de queso" le dije, haciendo malabares entre la torta y el incomodo six pack de cervezas, sumado al celular en mi oreja y hombro.
"Trae cualquier cosa no más"

Le habíamos dicho a Jack que teníamos cosas que hacer. Isabella iría a rendir una prueba al instituto de inglés en donde estudia y yo tendría que asistir a mi primera sesión con el dentista. Sumado al percance de la teoria de mi amiga, el celebrado pensaba que estabamos enojado. Toda una red de mentiras para quitarle cualquier vestigio de esperanzas de que ese día podriamos llegar a saludarle a su casa. Así que con Bonita nos juntamos en el paradero que está cerca de su casa. Llegó sonriente y linda como siempre, con el six pack de Stela y un pack de papas fritas. Me había llamado en la mañana, despertandome de extraños sueños, para organizar todo. Y a los dos minutos de colgar, volvió a llamar.
"Amigo, estás enojado por lo que dije ayer?" me preguntó.
Sonreí porque ya se me había olvidado el tema, pero sin lugar a dudas quería tranquilizar sus inquietudes acerca de la osada hipotesis. Cerré la puerta para que mi vieja no escuchar el tema en cuestión.
"No. Obvio que no. Sé que si piensas algo lo dirás y eso no me molestas. No espero que te guardes lo que piensas. Espero que seas real conmigo. Sin embargo, yo no creo que sean así las cosas" le aclaré.
"Yo a veces digo güeás. Y lo de ayer fue una güeá" me dijo.

Sorpresa! Isabella le regaló una polera de Colo-colo, color negra. Comimos muchas papas con ají y tomamos mucha cerveza. Cuando llegó la madre de mi amigo, hablamos de la niñez y de lo maldadoso que eramos y del día que nacimos. Días en que no te imaginas todo lo que vas a vivir y hasta crees que la vida será tan facil como jugar a la pinta.
Al final cantamos el cumpleaños feliz, en donde demoró alrededor de un minuto en pedir los tres deseos.
Quizás aún todos creamos en esos deseos.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Capítulo 86: Costumbre

"Qué pasó?" me preguntó David.
Miré por el pasillo hacia a la otra sala de Burdeos. Le pasé el ticket a la niña que hacía las chorrillanas. Lo miré a él. Estaba nervioso como el niño que le sacó quince lucas al papá de la chaqueta.
"No sé cómo pasó... tan sólo sé que pasó y que no siento ningún tipo de arrepentimiento" empecé.
No sabía como decirle.
David me miraba atonito, creyendo que le diría que había dejado a alguna mina embarazada.
"Omar, qué chucha pasó?" volvió a preguntar.
Miré nuevamente hacia la mesa en donde Jack, Marlene, Nadia y Daniela esperaban la chorrillana. Ella, sus ojos pardos, se encontraron y me sonrió.
Me giré hacia David y le dije:
"Engañé a la Dani"
"Mentira" balbuceó.
"El viernes pasado salí con Marlene a un carrete. Ese carrete funó y nos fuimos a otro. Y estaba esta mina, güeón. Te lo juro que no sabía que era hasta que estaba dandole un beso" le dije.
Y lo miré con sentimiento de exquisita culpa.
"Pero no me arrepiento"
"Qué vas a hacer?" me preguntó.
"Ahí está la chorrillana" dijo la cocinera.
Tomé el plato y comencé a caminar lento hacia la mesa.
"Hice algo que nunca prometí hacerle a nadie. Es una auto-ley. Y lo hice sólo porque esto está podrido, y porque ella está aquí creyendo en algo que no existe. Terminaré con ella. No hoy. Porque hoy es mi cumpleaños. Cumplo diecinueve, y ella no se merece pasarla mal hoy. Hoy le sonreiré, le diré que la quiero, y después de Navidad dejaré todo hasta donde debería haberlo dejado hace mucho tiempo" le dije.
Este momento tenía que contarlo en este blog. No me lo quería llevar al otro.

Los mineros tuvieron que salir con lentes especiales para no dañarse la vista por el efecto de la costumbre a la oscuridad. Si el sol o cualquier otro tipo de luz les daba en los ojos, podían sufrir de ceguera. Y es chistoso que algo tan necesario les pudiera hacer mal.
Cuando opositores a algún gobierno protestan dejando de comer por semanas, no pueden volver a comer normalmente cuando desisten de su movimiento. Y no puden porque simplemente su organismo se acostumbró a vivir sin lo necesario para vivir.
Entonces se puede decir que la costumbre es como una droga intangible. Estamos tan aferrado a algo que un cambio o una mutación de ese algo nos descoloca, y no somos capaces de asimilar la nueva forma de ser de ese algo. Ni siquiera si salimos de algo malo para dejarnos envolver por algo bueno.

Jack, después de mucho tiempo, está en la luz. La oscuridad duró una eternidad para él. Casi dos años. Y ahora sale el sol. Qué hace? Se esconde como un vampiro que se calcina bajo la luz. Arranca como la presa de su captor. El estar con Isabella como siempre había querido lo tiene un tanto descolocado.
Hoy me contaba que estaba tan acostumbrado a lo que vivió, que estar donde está ahora no le permite asimilar que ya tiene lo que quería. Así de simple. Estuvo tanto tiempo en la oscuridad, que ahora la luz parece ser una suerte de pesadilla. Le dije que no tenía que forzar las cosas. Es obvio que le va a costar asumir que todo ya terminó, porque en algún instante decidió aferrarse a lo que tenía, a lo único que lo unía con Isabella. Porque ese cuarto oscuro en algún momento fue su unico hogar. El problema ahora es cómo abandonarlo.

Quizá nos guste acostumbrarnos a las cosas. Se vive más tranquilo. Más comodo. Le fingimos una realidad a nuestros sentimientos por alguna causa que se vuelve omnipotente. Nos volvemos parasitos de un sistema. Pero cuando el sistema ya no entrega eso malo que nos hace vivir, y el agua vital llega a nuestra boca, igualmente podriamos morir.
Es divertido. Me hace reír. Sin embargo parece ser algo cotidiano y normal, como le pasó a los mineros o a los comuneros mapuches con sus huelgas de hambre.
El secreto está en ser lo suficientemente maduros para acostumbrarnos a lo nuevo.

Ayer estaba dandome mil vueltas en la cama. Llovía con ímpetu afuera. Entonces el perro de la casa de atrás, ese que avisa que va a temblar, empezó a ladrar. Me quedé quieto para sentir si la pieza se movía. Mis viejos y los enanos dormían. La oscuridad ahogaba mi pieza. Derepente la puerta empezó a oscilar intermitentemente dentro de su marco. Se sacudía como si alguien quisiera botarla.
"Okey. Es sólo un temblor. No habrá otro terremoto. Sólo es una replica. Es la tierra moviendose... las placas. Sí. Las placas. Las jodidas placas se estan reacomodando después de la fiesta que tuvieron allá abajo"
Me repetí la misma frase hasta que paró. El perro dejó de ladrar. Yo me tranquilicé. Me acosté y traté de dormir. La lluvia chocaba fuerte contra mi ventana. El silencio se hizo de todo el lugar. Y la puerta otra vez comenzó a vibrar. Es lo único que avisa que está temblando. Me quedé en donde estaba y traté de sentir el piso moviendose, pero de eso nada.
Hoy en la mañana entré a la página web del instituto de geología de Estados Unidos. Los tengo como favoritos en el Firefox para, después de un temblor, revisar la lista de los temblores recientes que han habido en todo el mundo. La lista tiene la información de el país y localidad en donde fue el sismo, la profundidad, la medición de la potencia en la escala de Richter y su ubicación longitudinal. La lista estuvo plagada de items en donde aparecían localidades sureñas del país los dos meses posteriores al terremoto.
"Tembló ayer" le dije a mi mamá, buscando el temblor en la lista de Latest Earthquakes in the World, mientras me tomaba mi leche con café.
"Enserio? No sentí nada" me dijo extrañada.
Y fue cuando algo me hizo buscar en la lista otra vez.
"Imposible" susurré.
"A qué hora?" me preguntó.
"No... Parece que me equivoqué" le dije.
En la lista no había ningún temblor registrado. El último en Chile había sido hace tre días. Un 5.2 en Atacama... muy lejos de aquí para hacer vibrar la puerta de mi cuarto.

Capítulo 85: Eutanacia

En algún momento me dije "Si alguna vez llego a escribir 100 capítulos, dejo el blog hasta ahí", pensando en que un capítulo 101 sería muy excesivo. Y siendo sincero, nunca pensé que iba a llegar a escribir 100 capítulos. Era una meta casi inalcansable. Pero pensar es a veces erroneo, y aquí estoy, escribiendo el capítulo 85, a quince del final, y ya no es una meta el número 100.
Ahora, no quiere decir que valla a terminar de escribir. No. Sólo siento que 101 suena muy excesivo, casi como un vomito de cosas que se escriben. Se ve feo. Así que la idea es matar todos los temas que quedan inconclusos en este blog antes de llegar al capítulo final. No significa cambio de ciclo o nueva vida. Tampoco. Sólo es una cuestión de númeración. Pero sí quiero empesar a aclarar temas que quedaron en el límbo del cibermundo. Quedaron ahí y no siguieron su desarrollo. Entonces sí hay una suerte de meta. Cerrar capítulos antes de dejar este blog hasta el capítulo 100 y comenzar el nuevo con otras historias.
Eso.

Con María nos peleamos otra vez. Sí. Otra vez. Era el fin de semana de mis vacaciones de invierno. Habíamos organizado mi viaje a Concepción, pero al final, después de barajar opciones de estadía que no me convencieron, decidí no ir, ir al Cajón, y se enojó. Hasta el día de hoy, los primeros días de Noviembre, no nos hablamos. Somos amigos en feis todavia y contactos en msn aún, pero no nos pescamos. Qué nos pasó? No sé. Yo para algunas cosas ya no tengo la misma fuerza de antes, en muchos ambitos. Con María habíamos discutido tiempo después del terremoto, por qué simplemente me dejé estar y el tiempo pasó. Ella fue la percutora de la reconciliación. Y ahora no nos hemos hablado en mucho tiempo.
Quizás algo se quebró en algún momento de la historia y simplemente no se puede volver a pegar. Así ocurre muchas veces y no hay cómo poder regresar cuando las ganas no estan. Entonces en este momento quizás los dos encontramos el modo de seguir sin el otro, aunque en algún momento fuimos el único pedazo de algo en la vida del otro.
La distancia pesa de sobremanera en casos así.