lunes, 28 de septiembre de 2009

Capítulo 21: Tocado

Lo único que pude hacer fue abrir la ventana de su contacto y hablarle ¿En qué momento dudé de su ayuda? Me declaró que todo había sido demasiado especial, pero que no nos desviáramos del tema, que había que continuar. Aunque asombrada, logró tocar mi corazón y calmarme ¿O no fue ella? Y si lo que ocurrió fue como dijo el Evangelista "Él pone a personas en tu camino para que logres aprender"
Da lo mismo.
Ella fue la única que estuvo en el inicio ¿Casualidad? Lo dudo.
Ojalá haya podido dormir esa noche, porque yo no pude.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Capítulo 20: Jaque Mate

Porfía con mi don y en silencio trata de escudriñar hacia el futuro. Se mete como un virus a la unidad central de operaciones, buscando extraer algo, porque quiere saber qué hacer, cómo moverse, cuando deslizar la siguiente pieza hacia adelante. Teme equivocarse y perder lo que con tanto esfuerzo le ha costado obtener.
"Estamos en pause" le trató de explicar, pero no le importa la explicación y sigue porfiando.
Me subo al metro. Una chica angelical reposa su rostro sobre el vidrio oscuro del lado del tunel del carro. Los demás van en silencio, preocupandose de sus vidas. Nada se mueve, y si nada se mueve no hay futuro ¿Por qué le cuesta tanto entender?
Del principio. Hace un tiempo, después de tantas desiciones y dolor por los errores, tomamos la determinación de dejar todo como estaba y que siguiera su flujo natural. Dejamos que la vida hiciera lo suyo. Lo bueno es que hay paz. Todo está bien. Pero es sólo un pause. Es poner un parchecurita en la herida que comenzará a pudrirse. Él decidió jugar en el tablero creado por ella. Yo decidí alejarme para asumir lo que ocurrió, pero ¿Hemos tomado alguna desición?
Sí y no.
Decidimos apretar pause y que todo esté como está, pero ¿Es él feliz en este estado de temple? ¿Soy feliz yo en este estado de comodidad? Tal vez sí, a veces no. Las cosas van como deseamos, pero no son como las deseamos. Me explico. Él es feliz teniendola a ella, suprimiendo los errores y dedicandose sólo a estar...estar...estar. Todo va bien porque no hay discusiones ni dolor, pero él desea estar así ¿Deseas estar así? Obviamente no. Él quiere más, pero por miedo a perderla, prefiere dejar apretado el botón del pause. Le tiene terror al play.
"Si no tomas decisiones, no hay futuro. Si no hay futuro, yo no puedo ver nada"
"¿No puedes ver nada?"
"Nada en absoluto"
Yo tomé la decisión de alejarme y olvidar en el exilio ¿Sirve de algo?
Sí y no.
Sirve, porque ya no está en mis manos la tentación de llamarla y despertar a su lado todas las mañanas. Mi mano ya no ansia la suya. Pero de qué sirve, si el amor a veces se levanta como un zombie bajo las balas de una pistola, gritando y aullando de dolor y hambre, y vuelve el deseo y las fechas se vuelven mantos de melancolía penumbrosa.
Podemos sentarnos frente a la vida, echados hacia atrás en la silla. La observamos espectante de que muevas la siguiente pieza. Espera un acierto o un error. Un peón o un alfil Mueve tu Reina, a veces te va a invitar, pero no la oigas. Mueve la pieza, que cargada de dolor y pena pasajera, sabes que debes mover. Estamos pause, nada se mueve. No se produce ningún futuro. Y podriamos estar así hasta el infinito omega. Quizás puedas deslizar en "L" el caballo hacia adelante, bajo el silencioso imperio de una estrategia, y comerte una pieza y acabar con algunos problemas, o cagarte otros, pero sabes que no es la decisión fundamental. Y la otra persona mueve otra pieza, viendo como sus brazos cuelgan de los hilos de la vida, o de sus propias decisiones. A veces se gana y otras se pierde, amigo.
Te aseguro que al pause le quede poquito, muy poquito. El tiempo comenzará a comernos las entrañas y el sudor recorrera nuestros dedos por tomar la pieza que sabemos debemos tomar y empezaremos a acercanos al movimiento para ejecutar el jaque mate. La pregunta es: ¿Sabrás resistir el calor de la desesperación, de la tentación y la exitación por ser feliz, para saber tomar la decisión correcta? ¿Moveras la pieza exacta?
Tic-toc tic-to. Queda poquito y ya viste a la pieza ¿La moveras para que tu vida vuelva al play y todo acabe como tiene que acabar? ¿Dejarás que pueda ver el futuro de tu desición?

lunes, 21 de septiembre de 2009

Capítulo 19: Que ganas de no tener cuidado

Soñé que estábamos en la playa, o al menos eso me quería decir el cielo. Estábamos bien abrigados y por lo nebuloso de mis recuerdos, creo que la invitaba a algo, no sé a qué, pero era algo. Rió con aquella sonrisa tierna y misteriosa, con esos ojos que aún no sé leer, y acercándose peligrosa me dice
"Convenceme"
¿De qué te convenzo? ¿De qué si empezamos algo voy a ser el hombre que siempre he querido ser? ¿Qué si te equivocas, mi orgullo terminará con todo? ¿De que soy capaz de hacerte feliz? ¿De qué ya peleé la batalla y la gané en muy poco tiempo?
Salí corriendo tras ella, viendo como se alejaba y a veces se acercaba. Hasta que la envolví en mis brazos, la giré y la besé sin pedirle permiso.
Cuando me encontré sentado y sudado en mi cama desarmada, un amargo sabor me ahogaba los labios. Y no era por la imaginaria sensación de por fin haberle tocado los labios, era el sólo hecho de saber y aceptar que aún no puedo asumir lo que pasó.

Fue el jueves 17, en el casino de la pega cuando una pequeña luz se coló entre nuestras vidas. En compañía de Monica, mi amiga y jefa de cajas, Josely, mi jefa directa, Paulina, una supervisora de cajas, José, el subadministrador de perecibles y ella, que me encontraba almorzando una caliente y sabrosa casuela. Fue en aquella tarde que el destino, o sea lo que sea, quiso que nuestros pies chocaran y todos hicieran alución a una supuesta relación.
"¿Pero que te gusta de él?" le preguntaba Joselyn riendo a destajo, como a ella le gusta "Es un hombre lindo, está estudiando ¿Tienes auto?"
"No, pero pienso comprarme uno" respondí uniendome al momento de burlas.
"¡Viste!" le dice a Yesenia "Y quizás tiene pensando comprarse una casa en la playa"
Y así se fueron todos encima de nosotros, llegando incluso a obligarnos a tomarnos de la mano. Sí, fue algo demasiado vergonsozo y pendejo para la edad que tienen todos (rodean los cuarenta), pero sirvió para hacerme una pregunta: ¿Por qué Yesenia no se defendió?
"Tienes razón" me dijo Joselyn el sábado 19, mientras trabajamos en la oficina de informática.
¿Por qué la duda? Retrocedamos un poco. Yesenia es supervisora de cajas en Tottus. Se caracteriza por su caracter al momento de trabajar, actitud que no es menor bajo el cargo en donde se encuentra ubicada. Aún así, los minutos que conversaba con ella, siempre lograba sacarle sonrisas, y ahí comenzó un lazo de relación laboral diferente a los demás.
"Ella tiene veintitrés, no está pololeando, no tiene hijos" la promocionaba Joselyn "Y lo mejor de todo es que..." Hay cosas que es mejor omitir.
Una candidata espectacular. Compartimos un cargo parecido, sólo que en diferentes departamentos, vivimos cerca, me gusta su físico, congeniamos mucho y miles de cosas que aparecen cada vez que nos relacionamos más y más. Pero... pero qué hay de cierto en que sienta mi misma confusión. No sé. Sin embargo, hay gestos y miradas que me dicen que sí puede haber algo.
"¡Tienes razón!" me seguía diciendo mi jefa "Ella es buena pal leceo, y esa tarde no se defendió"

Siendo así, ella es quizás ese algo que esperaba, pero... pero no me puedo sacar de la cabeza la conversación que se convirtió en objetivo, y he de ahí este amargo sabor que me produce nauceas y no me deja dormir.
Tengo y debo con urgencia, y a la vez con temple, iniciar aquella batalla. Nada ni nadie sobre la faz del planeta se merece la replica de una mezcla de recuerdos y sensaciones que aún arden en mi piel. Sí, tengo que dar el siguiente paso. Y es increible sentir como aquella droga que por las noches era genial para escuchar un rato música, ahora se trasnforma en una muralla indestructible e incomoda. Cómo pasó de ser algo que me dejaba soñar con los deseos que no se van a cumplir a una pesadilla que no me deja seguir. Con todo lo que me ha pasado ya entiendo y sé que lo único que quiero es dejar todo atrás, asumir como me dijo Mary y empezar otra etapa de mi vida. Debo aceptar que ya las cosas no resultaron por uno y otro motivo, que nada nos une y que las cosas ya no pueden ser cambiadas. Tengo que empezar a vivir ese sufrimiento de las equivocaciones y todo lo que conlleve consigo. Siento que ya ha pasado el tiempo y que he logrado mucho, pero no es suficiente como para empezar otra relación.
Sin embargo, aún sabiendo todo lo que tengo que hacer, me cuesta. Todo fue tan espectacular y maravilloso, que está demasiado impregnado en mí y no me lo puedo quitar. No puedo tocar aquel punto que derrumbe todo, aquel punto que me haga asumir y continuar. Es tán difícil poder quebrar la capsula que yo mismo cree y dejar todo salir, que en estos momentos está formando en mi un batallón de desesperación e irritabilidad.
Que ganas de no tener cuidado, pero Yesenia es una mujer tan espectacular que sé que no se merece los restos de una relación que tuvo fuerzas para ser, pero después de tanto luchar, no pudo lograr nada. Que ganas de no tener cuidado y darme la oportunidad de seguir y dejar todo atrás.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Segunda Parte

Con la promotora de Lotería hay algo. Debe tener más de dieciocho, ya que está trabajando, pero aún así representa unos dieciséis. Ojos verdes, pelo castaño claro y una estatura que a mí me encanta; me mira desde abajo. La cosa fue que después de ver el condoro del teléfono del modulo CMR, me dirigí al baño, al lado del subterraneo. Contemplandome en el inmenso espejo que la hace de pared, bajé por la escalera mecánica hasta el piso inferior, y al entrar al pasillo que da con el baño de hombres y mujeres, casualmente éste da directo con el baño de mujeres, especificamente al lavamanos, la vi. Frente a él se encontraba, lavandose con ganas los dientes, bueno, en realidad estaba inclinada hacia el frente, cuidando de que la mezcla de saliva y pasta no cayera sobre su ropa, resfregando con alegocía y fuerza sus muelas, metiendo y sacando cada cuarto de segundo el cepillo de dientes de su boca, y al percatarse de mí, se quedó mirando incredula. Para mí desgracia, no se le ocurrió mejor cosa que quedarse ahí, mirandome sexy, metiendose y sacandose con más rapidez el cepillo para limpiar sus muelas.
Imagina lo que quieras de su intención. Yo me metí nervioso al baño de hombres.

Cuando llegué y la saludé, portaba en sí excelentes noticias.
"Hablé con los jefes de sección y ya les informé que hay horarios para entregar los informes"
me dijo Joselyn ¡En su cara, don Miguel!.
"¿Pero usted me da permiso para hacer respetar frente a ellos los horarios?" le pregunté, queriendo sólo escuchar una respuesta.
"¡Pero obvio!" dijo soriéndome "Tú eres el encargado de informática el fin de semana. La oficina y los horarios tambien son tuyos" me delegó.

Cuestión es que esa noche me fui a Calera de Tango, cansado, con sueño, un dolor de espalda y con pocas ganas de recordar que había pasado hace un año, pero habia una conversación grabada en mi cabeza No olvidarás. Lo mejor que puedes hacer es separar las aguas y asumir. Fue así que, en compañia de Jack, Isabella, Karina y Camila, una amiga de ésta última, después de dos vasos grandes de terremoto, unas gordas y jugosas empanadas, unos vasos de Ron y los que quedaba de las cuatro botellas de cerveza, me encontré bailando una apretada y extensa cueca con mi amiga Isabella. Me paré a intentar recordar las pruebas de música en la básica Un ocho, escobillado, zapateo, la vuelta cuando la canción lo diga... media luna y escobillao y así estuve tratando de recordar a mi profesor las cinco canciones, que cada vez que finalizaban, eran bien aplaudidas por las personas que nos acompañaban.
Nada más genial que estar con ellos, verlos reír y notar que en sus mente ya no hay vestigios de dolor ni penas. Todos reían a la vez que se desprendían del día a día. Estabamos envueltos en una exquesita nebulosa de querer y música alegre, queriendo, al pasar de los segundos, con deseos eternos no querer escapar de aquella noche. Tal vez todos queriamos que la Tierra dejara de girar y el tiempo se quedara estacionado en aquel instante para siempre No sé por qué, pero siento que esta noche va a ser genial.
Le pedí a Jack, ya viendo mal, modulando poco y con dos pedazos de cemento como parpados, que me acompañara al baño. Salimos, a eso de las cuatro, yo en un estado que me conviene no describir ¡Chucha, eso ya lo hice! y, en vez de pagar los 250 pesos para entrar a orinar a un pedazo largo de cañeria de plastico, buscamos un lugar oscuro y poco transitado para hacer nuestras necesidades. Fue elejido el frente de un stan vacío, perfecto para no ser visto por nadie, sin embargo, pasó algo que no nos esperabamos. Estabamos ahí, dejando que la brisa nos refrescara...
"Vo tai pa la cagaa" me dijo Jack riendose.
"Me callao" le reclamé.
Y ¡Pum! una mano me empujó hacia adelante, y si no es por ese instinto que te hace agarrarte de cualquier cosa, aunque fuera del aire, habría caido, sumado a mi deprorable estado, envuelto por la malla que cubría el frente del stan al suelo, quedando todo empolvado. Jack fue intervenido por una luma que portaba la CARABINERA que a mí me habia empujado. Me giré después de estabilizarme y procesar lo que me había pasado, viendo a la uniformada con un aspecto mezclado entre nerviosismo y una barrera de violencia como defensa. Increiblemente, con Jack no dijimos nada. Entre mascullos caminamos, él erguido y yo tambaleante.
Lo que vino después son sólo flaches de imagenes, y es que no haciendole caso a mi receta de alcoholización, que consta en tomar sólo un tipo de trago durante toda la noche, me llevó a quedar en pesimas condiciones... un sueño indestructible me invadió... salimos de las fondas... nos subimos al auto de uno de los compañeros de Karina... me acosté en la cama de Angelo... y de ahí hasta la mañana siguiente.

(Ahora que leiste y te reiste, dejame un comentario :D)

jueves, 17 de septiembre de 2009

Capítulo 18: Salir

Primera Parte

Acaba de morir el 16. Mi madre cumplió cuarenta y cuatro y por discutir con mi viejo, no hubo once en familia ni felices cumpleaños. Son las doce con siete minutos de la madrugada del 17 de Septiembre. Mañana me veré con Jack, Isabella y Karina. Viajaremos a Calera de Tango, un pueblo oculto en medio de la oscura Cordillera de La Costa. Habrá fondas y empanadas. Encuentros y espectativas. Es una celebración más del dieciocho de Septiembre, a un año del Bicentenario, a un año del la última celebración que para mí va a ser innolvidable.
Y es extraño estar sentado aquí sabiendo los días que se vienen. Mañana temprano tengo que ir a DUOC y después a Tottus. Estaré toda la tarde ahí y luego a la casa de Isabella. Pasaremos toda la noche juntos y al otro día tengo que ir donde mi abuela. El sábado a trabajar, y el domingo lo mismo. Extraño también es sentir con Jack las ansias de pasar la noche con ellas ¿Por qué? Es la rara sensación de quizás saber que todo será espectacular ¿Pero que puede tener de espectacular, si las siguiente horas se convertiran en una avalancha de vivídos recuerdos? No lo sé. Tan sólo es así.

Hablamos durante un rato del día transcurrido, hasta que llegó aquel momento en que cualquier cosa se puede preguntar. Antes de, primero le pedí que me respondiera.
"¿Como está?"
"Bien. Lo está intentando con otra persona"
Sinceramente algo dentro de mí se agitó electricámente, como si algo se hubiera descompuesto para siempre. Sólo me queda salir.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Capítulo 17: Un Mal Día

A veces hay situaciones que te dejan una sensación de asco en la garganta por unos buenos días. Sacarse una mala nota después de haber estudiado mucho, terminar con la polola o mandarse un condoro pesado son algunas de las excusas para andar con la cara mala y mandar todo a dónde le ocurra caer. Pero no hay peor situaición como la que te deja la sensación de sentir que todo el mundo se te viene en encima; cuando no encuntras respuestas ni nadie que te escucha.

Todo empezó el sábado recién pasado. Debutaba como encargado de informática los fines de semana, reemplazando a Joselyn, mi jefa. Fue una mañana tranquila en la grata y coqueta compañía de Carmencita, la encargada de Pricing(carteles). Durante la jornada sólo tuvimos un pequeño problema con la impresora, la cual imprimía el verde como amarillo. Comprenderás que el logo de Tottus es un setenta y cinco por ciento verde, y los carteles que le había pedido don Luis venían cargados del logo. Así que decidí limpiar los cabezales de la impresora y tema resuelto. El administrador necesitaba seis impresiones del número uno, el número dos y el número tres, pega que tuve que hacer yo, ya que Carmencita cumplía horario a la una de la tarde. Resuelto el tema, me encargué de ingresar al sistema los traspasos y los reportes de merma. Aquellos informes debo recibirlos en la mañana, ya que alrededor de las tres los encargados de sección van a buscarlos para con ellos tener la autorización de los guardias para botar la mercadería en descomposición(merma). Ahora era Monica la que trabajaba al medio día conmigo en la oficina de informática, entreteniéndome como siempre con sus deslices y su perfecto humor irónico. Creo que lo mejor que me pudo haber pasado antes de que comenzara todo fue haber estado con ella, riendo y compartiendo aquella exquisita amistad que tenemos. Todo bien, hasta que entró don Miguel, el jefe de panadería.
"Joven aún" me dijo con aquella despreciativa mirada "La tecnologa me retó por la fecha de caducida de la hallulla y el pan baget. Me dijo que sólo tenía que tener un día de duración, y hay una balanza que tiene hasta tres días registrado en el zato" Dejate de güebiar y anda a arreglarme el problema.
"Ya" le respondí "Yo voy a ver el asunto y le informo" Hace días que me andaí buscando. Me va a encontrar y eso no va a ser bueno
"Pero trate de solucionarlo rápido, porque después la tecnologa me lecea a mí" insistió.
"Después de que termine de hacer los informes de merma" contraataque.
No me dijo nada. Sólo se giró y entre dientes masculló "Chit, y ni siquiera tiene lista las mermas"
Fue el puto comienzo. De ahí hasta el domingo en la noche no pararían de ocurrir.

Don Luis, el administrador, llegó a eso de las cinco de la tarde del sábado a preguntarme por el tema de los números.
"Ya están listos" le dije entregandole los números ya recortados de las hojas nodrizas.
"¿Seis?" se preguntó desconvencido "Sabes qué, necesito... haber" y empezó a sacar cálculos con la mente, mirando hacia el techo como si ahí se encontran las respuestas a sus multiplicaciones "Necesito cuarenta y ocho de cada uno"
¡¿Cuarenta y ocho?! "Ya" le respondí.
"¿Tienes el formato en el computador?" me preguntó.
"Sí, eso está listo"
"Ya. Entonces sacame cuarenta y ocho de cada uno y se los pasas a Exequiel" me ordenó.
"Ningún problema, don Luis"

Las quince hojas, con los ciento veinte número restantes las terminé de imprimir a las nueve de aquel día. Las mermas quedaron todas lista y dejé unos dos traspasos para el día siguiente, día en el cual debería hacer un esfuerzo por ordenarme y finalizar con todo a tiempo. La vez que Joselyn me hizo subir a su oficina, con la noticia de mi ascenso en los labios, una sóla frase me quedó grabada: "Tú te vas a hacer cargo de informática el fin de semana" Aquellas palabras pesaban mucho, y eso hacía que no dejara ningún informe sin hacer para el día lunes ¿La clave para no fallar? Orden, nada más. Informe de ventas, traspasos y mermas en la mañana, antes de ir a almorzar, y en la tarde todo lo que tenga que ver con solución de problemas en cajas y balanzas y el informe de los productos más vendidos. Nada podía salir mal y a las ocho ya estaría marcando mi salida. Pero algo quiso que las cosas no fueran así.

Domingo en la mañana todo normal. Envié el informe de venta del día anterior y lo que llevamos acumulado desde primero de mes. Comenzaron a llegar los traspasos y las mermas, tema con el cual trabajé toda la mañana. Aún así, faltaban secciones que llegaran con sus informes y la hora avanzaba con desenfreno. Cualquier informe que llegara en la tarde atrasaría mi trabajo de aquella jornada Quizás no van a deshechar nada.
Hasta que llegó la hora crítica, la hora del almuerzo, y ni siquiera habían ido por el informe de merma. Ya empezaba a ser extraño.
"Monica, todavía no vienen a buscar las mermas ¿Qué hago?" la llamé a su oficina.
"Vamonos a almorzar no más po" me dijo un tanto indignada "Tú tienes que almorzar. Es lo que corresponde"
Bajé y fuimos al casino del supermercado. Y no podía evitar estar preocupado ¿Qué iba a hacer con esa torre de informes en la oficina? Se supone que lo tienen que ir a buscar para botar todo lo que ya no sirve. Hasta que el jefe de panadería impidió que me introdujera una cucharada de arroz y croceta a la boca.
"¿Están listas las mermas?" me preguntó en un tono de desmerecimiento.
¿Te creí mi jefe, conchetumare? "Rita recién me fue a dejar otro informe cuando venía camino al casino" le respondí ya un poco molesto "Así que cuando terminé mi hora de colación" le recordé "Voy a ir a terminarlos"
Y así había sido. Camino al casino me interceptó la jefa de pastelería, Rita, la que con una cara de por favor no me acuses me dijo que iría a dejarme un informe de mermas bajo la puerta. Le dije que igual era tarde para traspasar un informe, y por eso tendría que hacerlo a la vuelta del almuerzo.
Al volver, lo terminé, y todo bien, hasta que me di cuenta que ya habían sacado algunos de los informes. Anita, la jefa de fiambreria, tenía la clave de acceso a la oficina, al igual que don Miguel. Con dos dedos de frente supe que habían entrado y revuelto los informes hasta encontrar los que les correspondía. Eso era otra cosa que me irritaba, el que entraran y se pasearan como perros por su casa, como si aquella oficina fuera la sala de ventas.
Filo, me olvidé de la situación y empecé a trabajar en el largo informe de los productos más vendido de cada sección dentro del supermercado. También tenía que recortar las quince hojas con nueve números cada una, así que le pedí a Monica que me prestara a Harol para terminar aquella labor. Eran las cinco de la tarde y aún estaba con las mermas. Fue cuando más gotas llegaron a rebalsar el vaso. Rita entró de nuevo a la oficina, con aquella especial risa que la caracteriza, portando en su mano algunas hojas que identifiqué al instante que las vi.
"Rita ¿Más mermas?" le pregunté haciendo pucheros en mi mente.
"Es lo último" me dijo con aquella risa que me impide ponerme pesado.
"Ya" le dije recibiéndoselas.
Más mermas, más minutos y más me atrasaba.
Voy a hablar esta güea con Joselyn. Esto no se va a volver a repetir, era lo único que me podía alentar en aquel momento de ira hirviente, pero tenía que calmarme para no cometer errores Informática es tuya el fin de semana ¿Creí que te la vai a poder? Parece que no, me decía una voz en el fondo de mi cabeza.
A las seis y media, a una hora y media de cumplir horario, llegaron los informes de baja de precio de pastelería y platos preparados, sin embargo, Harol ya había terminado con lo de los números. Le agradecí y le dije que bajara. Dejé de lado el informe de los productos y empecé con la baja de precios. Aún faltaba que empesara con el ingreso de las tablas nutricionales de los productos de pescadería ¿Podía lograrlo? Sí, pero algo quiso que no. A las siete terminé con la baja de precios y alguien entró a la oficina. Obviamente era alguien que conocía la clave Por favor que sea Monica, pero no fue así. Anita, con esa sonrisa de diabla y ojos de abuelita que pide monedas a la bajada del metro, oculta tras esos rayados lentes, se sentó a mi lado, con algo en sus manos que me hizo querer asesinarla en aquel momento.
"Hola"
"¿Como está?"
"Bien" me dijo sonriendo, sin decir nada más. Sabía bien que lo que iba a hacer estaba mal, pero si el maldito imbecil de informática aguantaba todos sus condoros, por qué no llevarlo a esa hora.
"¿Qué trae en la mano?" le pregunté no queriendo aceptar la verdad.
"El traspaso de la Pichanga"
Sí, aquel surtido de sobras de brazos de jamones y quesos. Sí, el traspaso más largo que se hace en todo el supermercado, con una longitud de cuatro hojas, y si son quince productos por hoja, en total vendrían siendo sesenta productos, eso sumado a los pesos de cada producto y más el codigo de destino, da un total de ciento ochenta digitaciones.
No dije nada, sólo extendí la mano y con la rabia haciendome hervir los poros de la piel se lo recibí, mientras que la voz de mi jefa me decía "Trata de que no quede nada sin hacer para el lunes" No, yo me había dicho eso a mí mismo, y era algo que, no importando que tuviera qué hacer, lo iba a cumplir.
Desde las siete hasta las ocho y media ingresé lo que, con urgencia, me había pedido Joselyn: las tablas nutricionales a los zatos de pescaderia. Y de ahí en adelante ingresé el puto traspaso de la pichanga Juro por mi vida que nunca más voy a comer de esta mierda
A las nueve y media, enfundado en mi nueva parca, y con un rostro de mil metros, bajé a sala. El supermercado ya estaba cerrado y las voces de los clientes ya no retumbaban el lugar. Sólo se encontraba Yesenia en la caja de los empleados, terminando su pega.
"Tienes que ponerte pesado y recibir esos informes hasta cierta hora" me dijo después que le conté por qué estaba así. En realidad me aleonó un poco, como me dijo Mary la vez que me prometió hacer que Daniela no me buscara más, y tomé aquella fatidica decisión. Nadie más iba a ser capaz de pasar sobre mí, así que no haría nada más que hablar con mi jefa y pedirle autorización para adquirir más poder sobre los jefes de sección. Así de simple. Si les gusta gritar, vamos a ver si pueden gritar más que yo, y los que me conocen saben que me gusta gritar con mi tronante voz ¡¡¡YA PASÓ LA HORA DE INGRESOS. TRAIGA SUS INFORMES MAÑANA!!!
Para más remate, escuchando los llantos de Pricila por su relación con Bladimir mientras esperabamos la micro, ésta no pasaba nunca. Y para qué hablar de descargarme con mis padres al llegar a casa; ya dormían como dos finos arces. Peor fue esperar que Jack, Isabella o por lo menos Nathalia estuviera conectado en Messenger. La única que me escuchó fue Mary, pero no sirvio de mucho. Así que apagué el computador y me quedé solo con todo ese silencio y oscuridad, esperando tan sólo una cosa... que el teléfono sonara y desde el otro lado ella me dijera "Te amo. Ya no llores más. Mañana va a ser otro día" Fue cuando vino el colpaso y el darme cuenta que ya no estaba. Que difícil fueron aquellos minutos Escuchala, mañana va a ser un buen día. El mundo no se va a acabar

viernes, 11 de septiembre de 2009

Capítulo 16: Los Videntes

Abro la puerta del cuarto de estudio y la voz de mi progenitora me detiene.
"Ven" me dice desde el segundo piso, con aquel tono de estar a punto de decirme algo netamente espectacular.
"¿Que pasa, vieja?"
"Acabo de ver algo impresionante en la calle.
¿Qué mamá, qué viste? ¿Un extraterrestre? ¿A Miley Cirus? ¿A Wisin y Yandel? ¿El fin del mundo? ¿Qué cosa?
"¿Qué cosa?" le pregunté en un tono desinteresado.
"A la Kata"
Primero que nada, quiero dejar en claro que para nosotros una calle es todo el frente de un condominio y dos plazas de juego, y la Kata es la amiga de mi hermano Ignacio.
"Con una niña" dijo con aquel gesto de los labios rectos y erguidos, mostrando su perfecta línea de dientes, asqueada por lo que había visto.
"¿Besándose?" intuí.
Ella asintió casi persinándose.
"Sí. Iban de la mano caminando por la calle, y de repente la otra niña se le tiró a dar un beso" declaró.
"¿Pero no se lo dio?" le pregunté, ya comenzando a dudar de que su imaginación había adornando un poco la escena.
"No, pero se notó que eran... eso po" me dijo.
Arqueé las cejas, expresando el pensamiento "Que lata" y luego bajé.
Si supiera las cosas que he visto, y que he hecho. No son presisamente del calibre aquel, pero estoy seguro que me miraría con la mira cara de asco.

Aquella tarde que la conocí la omití de los capítulos anteriores. Creo que no fue un hecho TAN importante en mi vida, pero aún así, es en estos momentos cuando vuelve a reaparecer con un tema que no es menor para mí ni para ella siento que debo tocar el punto en que mi vida o destino, como quieran llamarle, se cruzó con la de ella.
Isabella me llamó al celular aquella mañana, muy temprano aquel sábado.
"Mi prima va a llegar y yo no voy a estar" Mi amiga era jefa de nosotros en el Monserrat cuando trabajamos de empaques "Así que quiero que la recibas con los brazos abiertos y con una sonrisa muy grande"
"Sí, Isabella" le dije enterrado en mi almuhada, con voz somniolenta.
Cuando llegué al supermercado, la que esperaba con una sonrisa despampanante era ella, acompañada de una amiga de ambas, en las inmediaciones del estacionamiento subterraneo.
"Hola" le saludé diciendole mi nombre, y al besar su mejilla una terrible sacudida me envolvió por completo.
"Karina" me dijo ella, no dejando de encandilarme con aquella hermosa sonrisa, acompañada de sus hermosos ojos españoles que no dejaban de toparse con los míos.
Sin problemas estuve una hora explicandole las reglas, porque no había contrato, del trabajo en las cajas, las bolsas, las supervisoras y los minutos de colación. Ella sólo asentía a cada orden mía y cada explicación, no dejando en ningun minuto de sonreir con ganas y comodidad al tenerme al frente. Quizás en esos minutos fue cuando algo en ella llamó mi antención.
Isabella llegó tarde aquella tarde, con una musculosa ploma, el rostro enrojecido por el sol y una deslumbrante medalla colgando de su cuello.
"¿Ya llegó?" me preguntó cuando nos saludamos.
"Si" le dije flotando.
"¿Qué te pasa?"
"Nada"

Jack e Isabella decidieron arreglar la situación. Quizás la noche en aquel pub rockero le sirvió a mi amigo para buscar la sanación de su angustia y eternas noches de pesadillas obligandose a llevar a su alma hasta el limite penumbroso del dolor, valiendose de una extraña, pero no menos importante, estrategia para lograr llegar a cambiarle el chip de niñita chica que mi amiga tiene insertado en el medio de su cerebro. Es la cuerda que lo tiene amarrado a la roca de las posibilidades, aquella soga que le impide caer kilometros atravez del risco hasta el fondo del dolor de la perdida y la desilusión, un vacio lleno de oscuridad y caminos sin retornos.
Jack por fin fue capaz de dar aquel salto y ser capaz de ver la situación desde arriba, para no sólo ver el camino por donde iba, si no para ver todos los caminos que se despliegan hacia las miles de posibilidades. Yo siempre le decía que diera el salto, en forma de metáfora, y lo hizo. Decidió disparar la última bala en su cartucho para ver que podía ocurrir.
De ese día han pasado sólo tres, y sólo tenía la explicación, bueno, mejor dicho la opinión de mi amigo. De Isabella no había sabido nada hasta hoy en la mañana, cuando la vi conectada en Messenger.

Tuve que partir. La historia quedó en suspenso cuando yo decidí dejar el supermercado. Sin embargo, a principios de año volvió, en realidad, siempre estuvo presente, pero ahora compartimos algo que es extraño y preocupante.
"Soñé que estaba con mi amiga y de repente comenzaba a dar a luz. Yo cumplía el papel de matrona. Así que comencé a recibir a los gemelos, pero ocurrió algo espantoso. Nacían muertos, y yo los recibia con mis propias manos" fue el escalofriante relato que me hizo una madrugada, la que casi ya se convertía en alba "Y ahora supe que los había perdido. Los gemelos no sobrevivieron el parto"
No me hacía falta conocer a Karina para saber que desde el otro lado del computador estaba mal, embargada por el dolor y la angustia de no saber por qué había soñado aquel hecho que se cumplió.
Decidí contarle que yo también experimentaba el mismo extraño fenómeno desde aquella tarde en el metro. Traté de explicarle que el miedo al principio era normal, que había que saber convivir con ello. O en los mejores casos, quizás sólo había sido una mera coincidencia. Al principio yo también pensaba lo mismo.
Karina siguió siendo espectadora de extraños sueños y raras sensaciones. Fue así que, presa del terror de no saber qué hacer, desmenusabamos cada premonición todas las madrugadas para dar explicación. Pero después de un tiempo ya nos dejamos de buscar respuestas, aceptamos lo que nos ocurría, nos quitamos de la cabeza la idea de las coincidencias y tratamos de darle cohesión a lo que veíamos con lo que posiblemente podía ocurrir.
Para ella es facíl decir que son sólo sueños y sensaciones de rechazo hacia situaciones que va a vivir, en cambio, para mí es muy dificíl explicar que son escenas que de repente aterrizan en el fonde de mi cerebro. Dificíl también porque a mí me gusta imaginar cosas y crear historias para luego escribir, soñas despierto con situaciones que quiero vivir y a veces es inevitable temer por la vida de los seres queridos que me rodean y pensar en posibles hechos que los puedan afectar. Me cuesta separar entre el don, los deseos y los miedos, porque a veces no sé qué es mera imaginación mía o una verdadera premonición.

Isabella me preguntó que era lo que había dicho Jack después del "regreso" de ellos dos.
"No te voy a decir nada" me negué "Lo de ustedes es sólo de ustedes. Como yo a él no le cuento lo que tú me dices, yo no te voy a contar lo que él piensa"
Se enojó como la pendeja y mal criada que es, pero le bastan unas palabras lindas y unos alagos por sus actitudes y ya me está diciendo que me ama.
Le cambié el tema y le pregunté por la reconciliación de ella y Karina. Estaban distanciadas desde hace mucho tiempo por diferencias entre ambas. Me dijo que ya estaba todo bien, que el otro día habían hablado... y de mí tambien.
"¿De mí?" le pregunté extrañado.
"Te estuvimos pelando un buen rato" se rió.
"¿Y que te dijo?"
"Ah! No. Tú no quisiste decirme lo que Jack pensaba. Ahora yo no te pienso decir lo que ella me dijo de ti" se burló
Maldita
"No voy a caer en tu juego sucio" le dije, buscando subir unos peldaños más arriba que ella para lograr extraer algo "Debe haberte dicho que me quiere como amigos y que nos hemos ayudado bastante por el tema de las premoniciones"
"Jajajajaja. Estás tan equivocado, amigo. Lo que me dijo no tiene nada que ver con eso"