miércoles, 9 de junio de 2010

Quinta Parte

Cuando se disponía a salir de sistemas, escuchó el aterrador sonido de la puerta siendo cerrada por dentro. Ya nada podía hacer. Tendría que enfrentar a la persona que venía caminando despreocupada con zapatos de taco, meciendo un manojo de llaves en una de sus manos. Alexander posó su vista en la conexión del pasillo que daba a la puerta, rogando a que no fuera otro él el que venía caminando. Y cuando una mujer se detuvo sorprendida por su presencia dentro de la gigantesca oficina, una sensación extraña de alivio y culpa lo abordó. La mujer, de unos veintiocho años, de pelo largo y negro, y color de piel trigeño, esbozó una irónica sonrisa, dispuesta a atacar la presencia de lo que parecía ser un cajero del departamento de electro.
"¿Qué hace usted aquí?" le preguntó.
Alexander sintió que conocía aquella voz. Sí, estaba seguro que era el tono de voz del segundo susurro que escuchó en el casino central aquel mismo día.
"Yo-éste... llamé y como no-no me pude comunicar con nadie, vine a ver si había alguien" contestó un nervioso Alex.
"El personal, a excepción de los subadministradores, el administrador y yo" dijo apuntandose con el dedo índice la encargada de sistemas"no puede ingresar a esta oficina. Si algún proceso es..."
"Interrumpido, puede ocasionar una falla grave al soporte informático de todo Loy's y generar una caída en todo el sistema" completó la frase Alexander, admirado de aquel conocimiento brindado por su mente que parecía conocer todo el sistema.
"Me alegro que lo tenga bien claro" contestó la mujer, la cual no quiso quedarse atrás en la discusión "Ahora, por favor, retirese y espero no tener que volver a verlo por acá"
Alexander, aún sintiendo la rareza de lo dicho, tan sólo se limitó a asentir y salió con la cabeza gacha de la oficina.


Cuando llegó a su casillero en el primer piso del edificio central, aún se sentía patético por la vergonsoza situación vivida con la jefa de sistemas. Decidió que las voces, la sensación de persecución y el verse a si mismo portando otro uniforme eran situaciones que ya habían escapado del límite de lo normal. Tenía que parar con toda esa paranoia y empezar a pensar con la cabeza fría. Se dijo así mismo que no volvería a dejarse envolver por aquellas sensaciones que comenzaban a darle problemas y no hacer casos de ideas descabelladas como sentirse conectado con el sistema de Loy's o la posible existencia de personas que ya no estaban en aquel mundo.
"Permiso" escuchó la voz clara y golpeada del primer susurro percibido por él en el casino central.
Se giró sobresaltado y se encontró con la figura de la mujer que por un momento le había encontrado la mirada en todo ese atestado lugar de almuerzo. De una mirada tenaz y estatura media, se hallaba de brazos cruzados esperando con impaciencia a que Alexander se corriera. El tecnologo se alejó siendo nuevamente acosado por las dudas ¿Por qué su actitud? ¿Era realmente de ella la voz que había escuchado al mediodía en el casino? ¿Lo estaba mirando a él o sólo fue una mera casualidad? Alex no lo pudo dudar dos veces, y antes de hacerlo se preguntó dónde habían quedado las ganas de dejar su demencia atrás.
"¿Nos conocemos?" le preguntó, dejando escapar su voz como un hilo de humo.
La seria y un tanto molesta mujer, se giró y cerrando con fuerzas la puerta de su casillero, le dijo:
"¿Cuanto llevas trabajando en Loy's?"
"Tres meses" contestó él.
"Yo llevo tres años trabajando aquí. Soy cajera en el supermercado. Y si mal no recuerdo hoy fue la primera vez que te vi, y espero no volver tener que hacerlo. Entonces, niño cobarde ¿Crees que nos conocemos?"
Alexander, casi meandose en los pantalones, sólo negó. La mujer, que parecía ser un ser lleno de furia e impotencia, se giró sobre sus pies y emprendió el camino hacia la salida.
Zorra engreída, pensó Alexander, mientras que volvía a terminar otro bochornoso episodio.


Se dijo que lo único que le faltaba era que su pase escolar no tuviera saldo. El pitido tras otro y la luz verda le dieron la buena noticia. Se sentó en el asiento más solitario de la micro y plantó su mirada en la calle. Tan sólo quería que el día terminara y nunca más ver a las dos estupidas que lo habían encarado en menos de una hora. Quizás la cosa no iba bien con sus maridos o el sueldo era demasiado bajo quiso pensar. No le gustaba pensar mal de las personas y sus actitudes, menos discutir. Pero sentía que todo aquello había sido totalmente gratis y hasta casual... No fue culpa tuya. Las cosas casuales son las que uno hace o realiza sin tener culpa directa. Y cuando aquel pensamiento se le incrustó en la mente, se sacudió con rabia y se restregó la cara.
"Para de pensar en esa mierda, Alejo" se dijo así mismo y volvió a mirar el exterior ya anochesido.
Sin embargo, tratar de expulsar los hechos poderoso era imposible. Se había visto así mismo, teniendo la sensación que podía ser una visión tangible, y se había dicho que quería recuperar a los que no estaban... ¿Quién no estaba? ¿Qué hecho, del cual no tenía culpa, habia echo desaparecer a esas personas? Y trató de pensar y de generar una lista de ideas. La primera candidata fue la idea de darle vueltas a éste extraño asunto lo que duraba el recorrido en micro hasta su casa. La segunda fue la posibilidad de haber echo algo que hubiera desencadenado inevitablemente en la muerte de un cierto grupo de personas. En ese momento supo que no le haría bien enterarse que era un asesino indirecto. Pero era totalmente factible de que aquellas personas lo estuviera atormentando para que conociera la cruel verdad. Es más, la idea se hacía más pesada al recordar los susurros escuchados en el casino central aquel día. Estaba convencido de que era imposible que tales voces las pudiera escuchar tan claras y limpias en lo que fue el bochorno de gente que había en el comedor. Entonces, si había sido el causal sin culpa de un asesinato multiple ¿En qué momento lo había ocasionado? Y trató de repasar nuevamente el dialogo con el otro él, logrando recordar únicamente Tu no tienes la culpa. Sintió que se desesperaba al percibir la batalla que se libraba en su interior. Las palabras podrían haber sido exclamadas por un mera visión producto de su paranoia, entonces ¿De qué servía darle vueltas al asunto? ¿Y las voces? Quizás eran otro eco más de su locura que poco a poco lo arrastraba a un laberinto oscuro, del cual dudaba la existencia del algún tipo de salida.
Derepente la micro frenó con fuerzas descomunales y tuvo que aferrarse a un pasamanos para no caer. Al frente, un fuego alimentado por el estanque roto de un vehículo colisionado con un poste de luz se desprendía como un demonio enfurecido hacia el cielo. Luces de balizas azules y rojas golpearon la cara de Alexander, el cual se hallaba perplejo observando el espectáculo presente.
"No puede ser" susurró "El accidente"
Se bajó del asiento y tocó reiteradas veces el timbre que avisa que quieres bajarte en el paradero que viene Vamos, chofe, abra la puerta. La verdad no es paciente. El silbido del aire comprimido escapando del sistema hidraulico que permite la apertura de las puertas se apoderó del aire. Alexander bajó y corrió a la pista que iba en dirección contraria a la suya.
"¿Cómo pude ser tan imbecil?"
Un Yaris casi lo volvió a atropellar. Llegó a la otra vereda e hizo detenerse a una micro. Se subió y trató de calmarse. El camino al pub donde había estado bebiendo antes de su accidente quedaba en Providencia. El camino era largo desde La Florida.

Alexander concluyó que su accidente había provocado, posiblemente, la muerte de otras personas. No recuerda haber escuchado de otros heridos la noche de su atropello, pero la idea de que la información haya sido ocultada para que no desarrollara sentimientos de culpas por lo ocurrido se hizo grande.
Un escalofrío le recorrió tibia y lentamente el cuerpo cuando ingresó al pub. Había una música de fondo suave endulsando el ambiente. No era un lugar tan grande como él imaginó alguna vez, pero poseía la no despreciable cantidad de unas veinte mesas y una sistema de luces entre violetas y amarillas que generaban la sensación de estar en ocaso de primavera. Y todo eso, para sorpresa de él, lo recordaba con nitidez, cosa que nunca había conseguido lograr el tiempo después del accidente. Caminó hasta la mesa que había estado sentado aquella noche y se sentó en la misma silla que había ocupado. Había pasado un año y unos meses desde aquella imborrable jornada. Ahora volvía ahí por la verdad.
"Tú" dijo un hombre a su lado, vestido con una camisa negra, pantalones del mismo color y un delantal que le cubría desde la cintura hasta las pantorrillas.
Alexander pareció recordar su rostro de alguna parte. Y trató de buscar en la lista de personas que alguna vez vio en su vida, pero no dio resultado.
"¿Dónde te he visto?" se atrevió a preguntarle.
"Aquí, hace un año más o menos" le dijo el tipo "Yo te atendí la noche del accidente"
Alexander no podía estar más sorprendido. No las buscaba y las piezas de los hechos iban sucediendo sola. Estaba seguro de que aquel mesero debería haber presenciado el accidente de principio a fin, y existiendo la posibilidad que no haya visto el choque en sí, sin lugar a dudas había visto todo lo sucedido después. Si hubieron más muertos, él lo sabía. Pero antes de atacar la hipotesis, se detuvo en otra incognita.
"¿Estaba solo esa noche?" le preguntó al mesero.
"Si. Llegaste y te fuiste solo" contestó sin bacilar el hombre que tomó asiento frente a él.
Alexander pareció desaparecer por la respuesta escuchada. A dos días de despertar, sus compañeros del instituto lo visitaron. Al no recordar nada de lo sucedido, el neurologo que lo atendió le relató cómo había llegado a la camilla en donde estaba ahora. Le dijo que estaba con unos compañeros del instituto bebiendo y que a causa de la borrachera había sido atropellado. Esos compañeros lo visitaron al segundo día de despierto, y le dijeron el por qué de su asistencia al pub.
Pero Alex había ido solo esa noche... ¿Por qué? ¿Por qué le mintieron?
"Llegaste y te serviste un vodka puro"
¿Vodka? No habían sido ron-colas. Dos mentiras en menos de una línea de relato ¿Qué venía después?
"¿Estás seguro que llegué solo?" le volvió a preguntar Alex con la sensación de creer que el mesero se estaba confundiendo.
"Completamente seguro. Tu accidente es recordado por todos aquí" le dijo el mesero apuntando a la barra, en donde una mesera y dos meseros más observaban atentos el díalogo que se sostenía "Te veías un poco apenado, y a veces hablabas solo. Ya en el cuarto vodka comenzaste a golpear la mesa y a maldecir. Notamos que no eras de esos tipos a los que les gusta causar alboroto, así que me senté contigo para tratar de apaciguar tu rabia. Te serví el quinto vaso de vodka y me contaste todo el problema"
"¿Problema?" le interrumpió Alexander atento al relato, no pudiendo recordar un problema en esa fecha que lo haya echo irse solo a tomar a un pub. Esa actitud no era propia de él.
"Lo típico de estos tiempos, amigo: las mujeres. En tu caso era una sóla mujer" dijo el mesero
"¿Una mujer?" se preguntó.
La primera mujer que se le vino a la mente por la cual podría haber tenido problemas en esa fecha era con Stephany, pero con ella las cosas estaban normales ¿Había otra mujer? ¿Otra? Y Alexander en algún momento quiso escapar para no saber por quién lloraba esa noche, pero se detuvo. Era posible que el accidente le hubiera provocado una amnesia que borró todo recuerdo de estar pasando un mal momento con Stephy, ya que también había olvidado por completo el accidente.
"Si. Tu polola" dijo el mesero. Alex confirmó a Stephany "Y ya en el sexto vaso empezaste a tratarla de maraca, de que no sabía lo que quería y te preguntabas gritando por qué las mujeres hacían sufrir a los hombres. En ese momento los demás clientes reclamaron el escandalo y te tuve que sacar..."
Y Alexander anotó la tercera, pero aún no confirmada, tercera mentira. Según sus compañeros, esa noche había salido a contestar el celular, y recordó la conversación con su padre y la incógnita del paradero de su perdido celular.
"Y en ese momento saqué mi celular para llamar a alguien" le dijo al mesero, el cual negó de inmediato con la cabeza.
"Te fuiste llorando por la vereda, todo borracho..."
Y Alexander logró recordar el momento.
Lloraba por amor y la angustia lo estaba matando por dentro. Quería olvidar y nunca más saber de... no era Stephy. Era otra mujer ¿Quién? Caminó por la vereda, sintiendo las nauseas del vodka rajandole el estomago. La loza iba y venía frente a él, obligandole a tantear con sus pies torpes el terreno que no paraba de moverse.
"Llegaste al medio de la avenida, y fue en ese momento que la camioneta te alcanzó" dijo el mesero de fondo en su visión.
Alexander recordó y sintió como la fuerza de la camioneta impactaba su cuerpo sin que nada pudiera evitarlo. Lo asimiló con la sensación de ser atravesado por multiples cuchillos. Su cuerpo, sin conciencia que lo tripulara, se desplazó por el capó y dio de lleno en el parabrisas, para luego elevarse impulsado por la fuerza de la velocidad del vehiculo y caer rodando sobre el asfalto.
Cuando volvio al presente, se vio de pies junto al mesero observando desde la vereda el sitio de los sucesos.
"¿Nadie murió esa noche?" preguntó Alexander, sabiendo que la verdad no se encontraba en esa estupida hipotesis.
"Tú fuiste la única victima de aquella noche. Era tarde y eran pocos los vehículos que a esas horas circulaban por la avenida" dijo el mesero.
"¿En algún momento dije el nombre de mi... polola?"
"Nicole"
Bien, Alex. No te dejes llevar por la impresión de la verdad. Esa noche estabas borracho y era totalmente legal haber nombrado a Stephany por el nombre de otra mujer. Pasa todo el tiempo, hasta cuando haces el amor con la mujer que amas. Pero y por qué le habían dicho que estaba con compañeros. Qué pretendían con decirle que había salido a contestar el celular... ¿Quién era Nicole?
Más respuestas no podía obtener de ese hombre. Le agradeció los minutos brindados y partió rumbo a su casa. Allá papá podía saber todo lo demás... y dónde estaba su celular.

martes, 8 de junio de 2010

Cuarta Parte

Dennisse, "secreto" no es por ti. No te preocupes. No habría puesto semejante mensaje sabiendo que lees el blog. Aquí la cuarta parte. Espero te acorte más las horas.

Quedaba un cupo en el lineal de cajas del departamento de electrodomesticos y línea blanca. Después de la entrevista con el subadministrador del área y la que resultó ser la encargada del departamento de personal, aquella misteriosa mujer que apareció de la oscuridad esa noche que Alex dejó su curricuulm vitae en el cajón, y de decir que Loy's le genereba una inexplicable atracción, fue derivado a la atención de una caja de pago en el gigantesco y vibrante edificio de electrónica. La practica inicial, antes de atender solo la caja registradora, la haría en compañia de Elmer, el hiperactivo y sonriente empleado del área de electro. Tal practica duraría una semana, pero a Alexander la bastaron sólo dos días para aprender el total funcionamiento del equipo con el cual trabajaría.
"Amigo, yollevoaquí seismeses y nuncahabía visto quealguienaprendiera tanrápido elfuncionamiento de unacaja" le dijo Elmer el día que lo vio atendiendo solo, con esa rapidez en sus palabras que tanto lo caracterizaba.
"Yo tampoco entiendo, Elmer" le dijo Alexander.
"¿Estás seguro que quieres empezar solo?"
"Totalmente"
El subadministrador y el supervisor de turno fueron avisados al tercer día de practica de que Alexander ya estaba disponible para abrir solo una caja.
"Es la confianza del novato" le dijo el subadministrador, con esa sonriza plasmada en su cara que parecía esculpida con un sincel, queriendo decir "Perderás mucho dinero y querrás renunciar la semana que viene"
"No es confianza. Es algo más" le dijo Alex completamente seguro de lo que decía.
Fue así que, saltandose todo tipo de protócolo, al tercer día Alexander recibió su sencillo y su clave secreta para manejar su caja resgistradora.

En el principio, todo fue bien. El estudiante y ahora cajero del área de electro de la multinacional Loy's ya no sentía esa presencia persiguiendole hasta el baño. Se sentía pleno y cómodo en su lugar de trabajo, y tales sentimientos se moldeaban por el trato de sus pares y jefes, la calidez de los rincones por donde se desplazaba y el recibimiento que le daba a las personas cuando se atendían en su caja. Todo era más de lo que esperaba y eso lo tenía contento, a demás de no sentir aquella extraña presencia observandole. Durante las horas que pasaba en la universidad contaba los minutos para salir y tomar la bendita micro que alguna vez decidió tomar, la que lo hizo llegar hasta donde ahora estaba. Pero sin lugar a dudas lo que más lo contentaba era que, hasta antes de aceptar la invitación de Elmer a almorzar al casino de todos los departamentos, no había perdido ningún peso de su caja. Era el único empleado en todo Loy's que de los tres meses que llevaba trabajando no había perdido dinero. Llegó a pensar que tal atracción era la llamada de su destino diciendole "Tú eres el heredero de Loy's. El hijo perdido del dueño de este edificio que caga plata"
Pero tanta felicidad nunca está destinada a durar tanto. El casino central, el cual es opcional ocupar, estaba totalmente lleno. El murmullo de todos los empleados de los cuatro departamentos era terrible. Desde que pisó la primera baldosa dentro de ese mar de gente, mesas, sillas y bocas hablando, Alexander prometió nunca más ir a almorzar al casino central. Adoraba más la intimidad del casino de su departamento.
"¡Vamosahacerlafila!" le gritó Elmer.
Sí, era necesario gritar para poder escucharse entre tanta risotada y el sonido de los cubiertos chocando. Tambien era necesario pedir disculpas a cada paso que se daba, porque paso que se daba era un roce o choque seguro con alguién, y lo que menos quería Alex era que lo acusaran de depravado o piscopata. Sin embargo, le dio lo mismo que pensarían de él hasta que vio la interminable fila para recibir los alimentos, la cual era conformada por cajeros, guardias, personal de aseo, supervisores y miles de cargos más que Alexander no conocía.
"¡¿Por qué acá?!" le preguntó a Elmer, sabiendo que su voz se había escuchado poco o casi nada.
"Porque los domingo no viene la cocinera de los casinos de los departamentos" le contestó Elmer pausadamente.
Obviamente era el primer domingo trabajando de Alex.
"Ahí está" escuchó un susurro en su oído.
Se giró de golpe aterrorizado y con su oído alerta. Estaba segurísimo de que se referían a él, pero nadie lo miraba.
Tiene que ser mi imaginación o el rebote de las voces en éste maldito lugar.
Recogió su bandeja y cuidando de que el vaso de jugo no se volcara sobre su plato de fideos, buscó con desesperación junto a Elmer un puesto desocupado. Fue en ese momento que la angustia de sentir que algo lo observaba lo comenzó a abordar lentamente. Era como si sintiera que sus pasos volvían a ser vigilidos con esmero de no perderlos de vista. Trató de enfocarse en no caer de la banca al encontrar un lugar en todo ese alboroto y de no sentir que ese asfixiante algo lo volvía a acosar. Pero le fue imposible. La conversación con cajeros de los otros tres departamento no le permitió apartar la sensación de que nuevamente lo observaban.
"No puedo creerlo"
Escuchó que volvían a decir, y esta vez se giró más rapido, buscando atrapar a los ojos invisibles que lo miraban. Pero se llevó una negra sorpresa al toparse con una mirada de recelo por parte de una mujer que, al notar que también la miraba, se volvió nuevamente hacia el grupo de trabajadoras que la acompañaban. Obviamente no podía ser ella quién hablaba de él. Estaba demasiado lejos para poder escucharla. Se giró hacia sus fideos, ya tibios, y buscó olvidarse.

Sensación mas liberadora nunca había sentido en su vida cuando se sentó en la silla de aire apostada frente a su caja registradora. El pequeño y sigiloso movimiento de personas y vendedores a su alrededor, recorriendo los pasillos copados de computadores y equipos de música, le devolvió el alma al cuerpo. Observó el techo blanco y liso del departamento, esperando a escuchar las voces otra vez, pero de eso nada. Se dispuso a ingresar la clave en el teclado para comenzar a anteder, cuando se percató de que todo el sistema de su caja estaba en negro. Antes de mirar la pantalla, atonito por la situación, presionó cuanta tecla se le ocurrió teclear, pero nada de eso sirvió. Tomó el teléfono dispuesto para caso de emergencia o consulta y buscó en una lista pegada al borde de su escritorio el número del departamento que podía encargarse del problema: sistemas. Notó que su supervisor lo miraba ya hace un rato, sabiendo que se estaba preguntando por qué no abría la caja y empesaba a atender. Colgó el auricular y le informó de la situación antes de que preguntara.
"La caja está muerta. Llamé a sistemas y nadie contestó"
"El teléfono de sistemas está malo como hace unas dos semanas" le contestó "¿Puedes ir tú a ver si la encargada puede venir a chequear al problema?"
"Claro" contestó Alexander Si sistemas no está cerca del casino central, no tengo ningún problema.
Llegó al edificio central, el cual está incrustado en medio de la cruz, e ingresó al despampanante y lujoso ascensor. Para su suerte, al lado de la larga lista de botones que permitían ir a todos los pisos (menos al del dueño) estaban dispuestos los nombres de cada departamento. Sistemas quedaba en el quinto.
Cuando llegó y atravesó la puerta que se hayaba irresponsablemente abierta, entró avisando con su voz a la gigantesca oficina de sistemas, la cual ocupaba todo el ancho y largo del piso. Frente a él se desplegaban zumbantes pantallas de computador posicionadas sobre un mueble continuo que se desplegaba por todo el borde de la oficina. En el medio pudo observar la presencia de cuatro racks de red y servidores, identificando sin dudas todos los dispositivos que ocupaban cada compartimiento de los closet, siendo hipnotizado por todas esas verdes y parpadeantes luces que emitían todos los equipos. Ahí el sonido exterior no entraba. Tan sólo se podía percibir el girar de los discos duros y las aspas de los condensadores dentro de los dispositivos servidores. Era un ambiente que hizo que Alexander se olvidara el por qué de su visita, llevandolo a dar un paseo casi inconciente por todo el lugar, en donde observó y analizó cada proceso que se estaba llevando a cabo en cada computadora a través de todo el mueble. Fue entonces cuando dedujo que la presencia lo acompañaba, pero no de forma invaciba y angustiante, si no de forma pacífica y hasta amigable. El momento fue tan extraño como reconfortante, ya que en algunos momentos se sintió totalmente conectado a todo el sistema, llegando a pensar que desarrollaba una habilidad tecnopata Si puedo controlar los computadores, podría conquistar el asqueroso mundo y tener todo lo que quiero. Rió de lo pensado, pero lo guardó pensando que Loy's igualmente era internamente un sistema, un sistema que lo llamaba y perseguia.
Pero todo vestigio de pensamiento desapareció de un momento a otro, cuando se vio sentando en una silla frente a uno de los computadores teclando con alegocía el teclado. Se vio trabajando con otra vestimenta, apurado quizás. No pudo creer lo que veía. Cerró los ojos por un momento y se dijo que al abrirlos no vería a nadie sentado en ninguna silla, menos a él trabajando. Sin embargo, al desplegar sus parpados, él mismo, sonriente y callado, estaba parado al frente suyo observandole.
"Es-esto es imposible" le dijo a su otro él.
"No es imposible. Es inevitable" contestó su otro él.
"¿Eres tú el que me llama, cierto?" le preguntó Alexander.
El otro Alex sonrió y trató de endulsar sus palabras.
"Es decisión tuya si quieres que te llame"
Alexander no entendió.
"Lo que siento que me observa... ¿Eres tú?" le preguntó un tanto perplejo al ver que su otro él no desaparecia de su vista.
"No. Son los demás" contestó el otro Alexander descargando una mirada seria.
"¿Los demás?" preguntó el cajero, sintiendo que se acercaba a la verdad "¿Quiénes?"
"Los que tú hiciste desaparecer" contestó el otro él.
Alexander sintió que un fuego le recorrió las entrañas al escuchar la respuesta. No entendía de quienes le hablaba su otro él. Incluso, ni siquiera sabía si aquel Alexander existía de verdad o sólo era parte de su imaginación. Sin embargo, sentía que en él habían cosas que necesitaba escuchar.
"¿Cómo los hice desaparecer?" preguntó.
"Eso sólo tú lo sabes" contestó el otro Alexander "Pero no te preocupes, no fue culpa tuya. Yo soy el que los quiere hacer volver, pero eso sucederá si tú lo quieres"
"¡Obvio que quiero!" le gritó Alexander desesperado. La idea de haber asesinado a personas de forma inconciente lo aterrorizó.
El otro Alexander le dedicó una sonrisa y desapareció de su vista.

martes, 25 de mayo de 2010

Tercera Parte

"La paranoía se produce por traumas como el que sufriste tú"
Inhaló fuerte, buscando que el agua no entrara por su garganta. Y cuando sintió el aire frío llenar sus pulmones y vio las mamparas del gimnasio, siendo cubiertas por el movimiento perpendicular de su brazo, introdujo toda la cabeza.
"Siento que algo me sigue a todos lados. Algo que me observa. Es una presencia demasiado fuerte"
"Son las sensaciones que genera la paranoia. Presientes que las personas te miran o alguien te persigue sin razón y todo el tiempo"
El agua clara permitía ver el fondo formado por la perfecta alineación de cientos de pequeños azulejos, dispuestos alternadamente por color. Dio tres brasadas y sacó la nariz. Sentía que ya después de trece vueltas, los músculos detras de sus piernas comenzaban a dar pequeños tirones. Y sintió que algo miraba con atención su ejercicio. Otra vez.
"Nada, absoltamente nada ha sido igual después de ese día"
Dicen que lo encontraron detrás de la camioneta. Que iba con el celular en la oreja, hablando y riendo. Inconciente e irresponsablemente borracho por el medio de una avenida de alto flujo vehicular. La señora que horrorizada llamó a carabineros, dijo que su cuerpo parecía un saco de basura larguirucho, que dio unas cuatro vueltas por los aires antes de azotarse contra el piso.
La presencia lo observaba desde un pasillo.
Alexander sabía que fuera lo que fuera que lo mirara, estaba en altura. Pero no quiso escuchar a su mente ni sentir a su alma. Nadó más fuerte y el agua se quebraba en miles de gotas a cada fuerte braseo que daba para tratar de escapar a otro mundo.
Pero los deseos de la presencia pesaban en demasia. Así que tuvo que detenerse y mirar, desesperado por querer quitarse esa sensación de observación sobre su ser. Pero en los rededores no había nadie.

Estuvo toda la tarde sentado en la vereda al frente de Loy's, con el CV en la mano, haciendo lo que más le gustaba: pensar. Quizás sí era paranoia y tan sólo necesitaba agregar otro frasco de pastillas más a su dieta mensual. Tal vez tan sólo tenía que olvidarse de aquel gigante comercial y seguir sambullido en sus libros de tecnología médica. Pero la astilla en su mente se giraba cada día un poco más sobre su eje hacia el centro de su cerebro. Estaba seguro que no podría perdonarse el volver a casa con el sobre tamaño carta en sus manos.
Ahora era de noche. Algunas luces interiores se habían apagado y los trabajadores comenzaban a copar los paraderos y las filas para esperar el colectivo empezaban a generarse. Se levantó después de dar un gran suspiro, entregado a que sucediera lo que tenía que suceder y cruzó la calle.
Cuando llegó frente a la caja blanca en donde se dejaban los curriculums para poder postular a un puesto de trabajo en Loy's, sintió que alguien lo miraba. Supo que no era aquella gigantesca fuerza. Ahora sí que sabía que una persona estaba proxima, sumida en la oscuridad quizás.
"¿Quieres trabajar aquí?" le preguntó la voz de una mujer.
Alexander se sorprendió al ver que una mujer de unos treinta se acercaba a él fumandose un cigarro.
"Espero"
"Es una buena empresa. Yo trabajo aquí"
"Tengo muchas ganas de entrar" dijo Alexander mirando hacia las alturas de la infraestructura que parecía venirseles encima.
"¿Haces algo más a parte de sentarte en la vereda del frente?" le preguntó la mujer mirandolo fijo.
Alex se sintió un tanto cohibido por el envolvimiento de la penetrante mirada de la empleada de Loy's. Al parecer la dama le estaba coqueteando.
"Estudio"
"¿Hace cuanto?"
"Hace tres años"
"¿Crees que podrás con ambos mundos?" le preguntó tajante la mujer.
"Un mundo más, un mundo menos" contestó él.
"Eso quiere decir que conoces tus límites"
"Sé hasta donde puedo llegar" le dijo Alex esbosando él ahora una sonriza coqueta.
"Ojalá que en Loy's puedas llegar lejos" le dijo la mujer apagando bajo su taco la colilla de cigarro consumida "Cuidate" y se fue.
Alexander sintió que una jauria de perros había decidido no comerselo vivo.

El olor de su leche con café lo obligó a saltar de la cama al otro día. Su padre se encontraba comiendose unas tostadas cuando se sentó a la mesa de la cocina. Su zumo de Nescafé y Nido estaba hirviendo como a él le gustaba. Nada más reponedor que una dosis de cafeína y protenías hirviendo.
"Anoche soñé con el accidente" dijo derepente.
El bolo humedecido de pan con té se deslizó lentamente por la garganta de su padre.
"¿Sí?"
"Sí. Soñé que escapaba de algo y luego me encontraba en medio de la avenida. Tenía angustia o pena o algo así. Pero al parecer no iba hablando por celular" dijo Alex extrañado por lo dicho "El celular nunca apareció ¿cierto?"
"No" contestó su padre, un hombre irritablemente serio, sin dejar de comer "Alguién debe haberlo robado cuando lo soltaste"
A su padre no le gustaba referirse de lleno al hecho en sí. Siempre trataba de referirse a las escenas del accidente, pero no a lo que ocurrió como tal. Buscaba siempre evitar el tema, a demás.
"¿Con quién habré estado hablando aquella noche?" se preguntó Alex.
"Creo que mucha importancia ya no tiene"
Y el silencio se hizo de los dos. Alexander sabía que tocar el tema con su padre era una neta perdida de tiempo. El teléfono los hizo olvidar el incomodo momento.
"Hola" contestó Alexander.
"¡Usted!" dijo la mujer de la noche anterior desde el otro lado del auricular.
El tecnólogo quedó sin habla. En menos de doce horas volvía a encontrarse hablando con la misma desconocida mujer.
"¿Cómo consiguió mi número?" fue lo único que pudo preguntar.
"Está en la tercera línea de su curriculum, después de la palabra TELEFONO" dijo íronica, dejando escapar una pequeña risita.
Alex sintió que sus mejillas se sonrojaban como las de un hombre alcoholico. ¿Qué hacía aquella mujer con su curriculum en sus manos? La idea de una persecución sexual lo dejó un tanto perplejo.
"Si aún quiere trabajar en Loy's, presentese hoy a las cuatro en la oficina de personal" dijo la mujer desde el otro lado "Y sea puntual"
"Claro que sí" contestó atonito Alexander y colgó.
Tenía una entrevista.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Segunda Parte

"¿No le contaste que entraste?"
"No"
Alexander no tan sólo se habia quedado impresionado frente a su extraño encuentro casual por la ventana de la micro con la impactante imagen de la gigantesca multitienda desplegada frente a sus ojos. El joven estudiante de tecnología médica, impulsado por la misma fuerza que le impidió tomar el metro tren aquella tarde, se bajó del transporte público y cruzó la avenida, hasta quedar frente a frente con la entrada que lo separaba del interior de la multitienda.
"No entiendo. Conosco Loy's desde los doce años. He ido inumerables veces. Casi siempre iba a comer a su patio de comidas. Pero a pesar de todo eso, desde aquella tarde siento que... me llama"
Alex recorrió desde extremo a extremo todos sus anchos y lujosos pasillos, construidos con cal fina y compuestos por miles de pequeñas tiendas, que en su interior vendian desde ropa hasta comesticos. Y a cada paso se preguntaba qué era lo que tenia aquel montón de hormigon y luces parpadeantes. No significaba nada en los más absoluto un lugar como aquel, lleno de publicidad y negocio de altas proporciones. Para Alex significaba más lugares naturales o un libro, pero no un gigante comercial.
"Es extraño que no hayas querido tomar el metro" le dijo Andrea.
Ahí partió y está seguro. Algo le impidió tomar el metro y recorrer una ruta que nunca en los tres años de carrera había decidido tomar. Pero ¿Por qué Loy's? ¿Qué había dentro de él vinculado a él?
Nada. Absolutamente nada.
"¿El cine?" preguntó Simón, acostandose al lado de Andrea.
"No, Simón. Estoy seguro que Loy's no tiene nada que signifique para mí, pero a la vez lo tiene todo"
Alex recorrió la sección de electrónica, que posee dos pisos en el ala norte de la infraestructura, que desde arriba se parece a la cruz de La Cruz Roja, y estupefacto observó todos los plasmas de muestra que desplegaban nitidas y coloridas imagenes de escenas de un arrecife. Pero ahí no estaba lo que buscaba, que tampoco sabía lo que era.
"¿Saben cuando fue que me sentí más pleno y conectado con ese 'algo'?" le preguntó a sus amigos.
Ambos negaron atentos al relato.
"Cuando entré al supermercado"
En medio de la cruz, en un cuadrado perfecto, se haya el supermercado Loy's, en el cual convergen todos los departamentos de venta. Cuando Alexander se disponía a cancelar lo que había comprado para justificar su presencia entremedio de los pasillos de mercaderia, esa presencia se le quedó observando, envolviendo por completo su ser.
"Aunque nadie me miraba, sentía que todo el lugar seguía cada movimiento que ejecutaba. Estoy seguro que no eran las cajeras, las supervisoras, los clientes o los guardias. Era otra vez ese 'algo', el cual no dejaba de moverse conmigo"
Andrea y Simón, ambos acostado en la cama de la pieza que habían arrendado en un motel perdido en Vespucio, estaban boquiabiertos con lo que les relataba su amigo.
"Les juro que hasta podia escuchar mi nombre retumbar como un susurro en todos los rincones de aquel lugar" decía Alex abosorto de su incompresión por lo que le sucedía.
"Hay algo. Sin lugar a dudas algo tiene que haber" dijo Simón.
"¿Y si trabajas en Loy's?" le preguntó Andrea.
A Alexander la propuesta lo pilló mal parado. Simón casi se cayó de la cama.
"¿Estaí loca?" la recriminó Simón "Es sólo una sugestión. Ya se le va a pasar"
"Hace dos meses que no se le pasa. Y si ahora vino a interrumpir una noche de motel, es porque no es una simple sugestión" declaró Andrea "Si esto es lo mismo que les pasa a los hombres cuando se atracaron una mina que nunca les dio la pasaá. Quedan con el empacho en el cuerpo y no se pueden deshacer de él. Ni siquiera tirandose a otra mina. Lo que tienes que hacer Alexander" dijo apuntandole con el dedo índice, decidida a que su propuesta se cumpliera "Es buscar trabajo en Loy's y ahí saber qué es lo que en realidad te pasa"
Simón y Alex estaban en un sumiso silencio. Temían de la potente voz de Andrea cuando se decidía a decir algo, lo cual no podia ser refutado o criticado. Sin embargo, el tecnologo médico comenzó a analizar lo dicho en silencio.
"Es una estupidez" dijo Simón, dejandose caer en el lecho de la cama.
"Es lo mejor" dijo Alexander.
"Obvio" dijo Andrea
"¿Vas a postular a Loy's?" le preguntó su amigo sentadose de nuevo en la cama.
"Si no soy parte de él, nunca sabré que es lo que me atrae de forma tan desesperada" dijo Alex decidido.

La noche se disponía a terminar. El alba estaba proxima. Alexander no podía creer que se encontraba frente a su notebook escribiendo su primer currilum vitae. Nunca había postulado a un trabajo, y ahora iba a por un puesto en una de las multitiendas más grande del planeta. Exitados sus dedos tecleaban toda la información que el documento necesitaba, y de forma rápida, porque Alex estaba dispuesto ese mismo día a ir a presentar su CV a Loy's.

Capítulo 53: "Loy's"

Fue sorpreviso saber que aún lees por ahí mis cosillas... ¿Me he superado? Espero que sí. Saludos Dennisse.

Todo aquel ser que pase por este blog y tenga una continua presencia en lo que respecta a lectura, podrá haber notado que me salté el capítulo 52. Tal capítulo existe, pero por precaución de privacidad al sospechar de visitantes inesperados, prefiero dejarlo oculto en mi bandeja de borradores, ya que tal episodio contiene información clasificada, la cual al ser revelada puede perjudicar la ejecución de hechos futuros. Espero poder subirlo más adelante, cuando los hechos ya estén consumados.

A continuación una historia que se me ocurrió y quiero compartir. Se títula "Loy's" y espero les agrade.

La parte norte de Santiago se desplegaba por todo el paisaje como un manto de luciernagas estaticas palpitantes, sucedido por el sonido lejano de los vehiculos que pasaban por la costanera. Respiró con fuerzas el aire frío estacando ahí en el piso 21. Trató de nuevo buscar las respuestas y estar un poco mejor, pero aquella pequeña e inuvicable astilla en su mente no se iba. Sólo buscó fuerzas para hacer lo tenía que hacer. Dejar pasar lo minutos podía ser fatal.
El ventanal de acceso al balcón en donde se encontraba se deslizó, dejando escapar todo el bochornoso ruido que venía desde el interior del departamento; música, risas, vasos chocando, garabatos, insinuaciones, un "ya po', güeón... entren" y el vaciado de un cuarto de ron en una taza de café. Stephany cerró el ventanal y se sentó en frente de él. Alexander le recibió el vaso de Coca-Cola, agradeciendole con una sonriza. Desde hace semanas que ni siquiera un "gracias" podía esbozar.
"Ya, mi amor, te traje tu Coca, salimos al balcón. Creo que te tengo más comodo de lo que este departamento me lo permite" dijo Stephany, sonriendo ya nerviosa.
Alexander no dejaba de estar hipnotizado por la bella imagen del Santiago dormido y luminoso.
"Lo que te tengo que contar, te lo cuento a ti porque nadie más ha sido capaz de entender lo que siento" dijo serio y grave.
Stephany odiaba que su pololo desde la media comenzará así una conversación. Sentía que la garganta se le secaba al experimentar tanto miedo y su mente se volcaba tratando de saber qué le ocurría.
"Para eso estoy yo, mi amor, para escucharte siempre" trató de quitarle gravedad a la tensa voz de su novio.
Alexander se giró nuevamente hacia la ciudad. No queria perderse en sus ojos. Quería tener la idea clara, para que saliera sin filtros.
"Desde el día en que desperté en el hospital, después del accidente, siento que algo nunca más fue igual en mi vida" comenzó "Es algo que está desde que abrí los ojos aquella tarde, algo que me sigue a todos lados e indudablemente no me ha dejado. Si me preguntas qué es, no te puedo dar una respuesta totalmente clara. Tan sólo te puedo decir que es algo que me dice 'No eres tú'"
Alexander denotó incompresión y rabia al no entender que era lo que realmente le pasaba.
Stephany le quitó el vaso desde las manos y lo dejó sobre el borde del balcón y en silencio, un tanto apenada, le tomó las manos, buscando brindarle un poco de apoyo. Él la miró sonriente y perdido, tratando de saber por qué había perdido las ganas de besarla.
"Me siento incomodo dentro de mi mismo cuerpo. Siento que no es mío. Y que la vida me la prestaron..."
"Shhh" le dijo ella, posando sus dedos sobre sus labios. Luego le acarició los pelos y la mejilla.
"Nada es igual desde el día del accidente"
Alexander una noche de viernes, hace un año, salió desde un pub en Providencia a contestar una llamada de su celular. Los seis vasos de ron-cola en su sangre lo llevaron a quedarse de pies en medio de la intersección de la avenida 11 de Septiembre y Antonio Varas, para que a 120 kilometros por hora una camioneta le quebrara cuatro costillas y lo dejara inconciente por dos días.
"Todo va a estar mejor, mi vida" le dijo su polola abranzandolo.
Alexander se la quitó con ternura de encima.
"Desde aquella tarde sentí que perdí muchas cosas. Estoy seguro que no soy el mismo y no hay nada en la faz de la Tierra que me devuelva ese pedazo que se me fue. Y no puedo entender cómo el golpe que me di en la cabeza me haya cambiado tanto. Fue sólo un golpe..."
"Pero si los doctores dijeron que tu cerebro habia recibido multiples golpes que podían derivar en secuelas futuras" lo interrumpió Stephany.
Alexander odiaba que lo interrumpieran.
"Esas secuelas ya no se produjeron, Stephy" dijo serio "Esto es otra cosa"
Ambos se sumieron en un negro silencio. En los diez minutos de conversación no lograban engranarse.
"Pero hace dos meses me ocurrió algo extraño" dijo Alexander "Iba a tomar el metro en estación Los Leones, cuando algo me detuvo y preferí irme en micro hasta La Florida. Así que me fuí por Macul hasta la casa, una ruta que no hacía desde el accidente. Y fue cuando pasé por el frente de Loy's"
Loy's es una gigantesca multitienda construida en más de cinco mil metros cuadrados sobre la falda de la cordillera. Destronó desde mediados del 2005 a Ripley y Falabella en lo que respecta retail, quedandose con el trono de todo tipo de mercado. Su infraestructura omnipotente se deplegaba a travez de cientos de metros por un buen pedazo de borde de avenida La Florida. Alexander pasó por el frente de esta gigantesca e iluminada construcción hace unos dos meses, quedando impresionantemente impactado por su presencia.
"Aquella noche no pude dormir tratando de entender qué habia echo click en mí al ver esa monumental infraestructura" dijo alucinado.
"Es bonito Loy's" dijo Stephany, siempre restandole emoción a los relatos de su pololo "Y es obvio que te haya impresionado, amor. Ese mall es impresionamente gigantesco. Es una de las construcciones más grandes de Latinoamerica"
Alexander la observó ya un poco molesto.
"Ahora ya no tomo el metro para irme a la casa después del instituto" declaró sonriente, casi como si se tratara de una travesura "Y cada vez que paso tengo que observarlo. Y es que estoy seguro de casi llegar a oirle"
"Es la publicidad, Alex" le dijo Stephany riendo a carcajadas.
A él no le pareció nada de divertida la declaración. Se estaba abriendo frente a un tema guardado y su polola le contestaba con una risotada. Estaba seguro que lo que a continuación tenía que decirle le iba a quitar todo vestigio de risa en su rostro. Alexander sonrió igualmente de mala manera y le dijo:
"¿Recuerdas cuando llegaste esa noche al hospital a verme?"
"Sí" asintió Stephany extrañada.
"En ese momento sentí algo que pensé decaería con el tiempo, con los días o en algunas semanas. Pero no sucedió así" le dijo Alexander.
"¿Qué cosa, mi vida?" le preguntó Stephy incomoda.
"Sé que tenemos que luchar contra nuestros miedos y dudas, para así poder caminar libres y sin vacilaciones..."
"¿Qué cosa sentiste, Alex?" le preguntó Stephany ya asustada.
"Esa noche, cuando entraste y me besaste, sentí... nada" dijo él.
"¿Nada?"
"Nada. Ni pasión, ni amor, ni siquiera aprecio" dijo Alex tajante.
Stepanhy sintió que se congelaba y carbonizaba al mismo tiempo. El tiempo alrededor pareció realentalizarce y la figura de Alexander frente a sus ojos pareció alejarse.
"Es broma" logró tartamudear.
"Ojalá fuera broma, Stephany" le dijo Alex ya más tranquilo "Pensé que el amor volvería, pero con el pasar de los meses no sucedio así"
"¡Pero el accidente no te quitó el amor por mi, Alexander!" le dijo Stephy desesperada "Tiene que ser otra cosa"
"Haya sido lo que haya sido, ya sucedió" le dijo él "Te dejo, Stephy" y se levantó del asiento.
Al abrir el ventanal y escuchar el ruido rompedor, Alexander pareció sentirse un poco más liviano... un poco más feliz.

A las tres de la madrugada, Loy's estaba apacible y silencioso. Su luz podía hasta verse desde Vicuña Mackena. Indudablemente era un Dios de todo lo construido sobre Chile. En su rededor no había alma alguna circundando. Tan sólo estaba él, fumandose un cigarro, arropado hasta la punta de los pelos por el pesado frío, preguntandose por qué admiraba tanto ese lugar.

martes, 18 de mayo de 2010

Capítulo 52: Deadline

Estoy más que seguro que a mi computador le quedan pocos días de vida. Es un Pentium 4, con un RAM de 128 mgb, que no te permite tener dos programas abiertos a la misma vez. Es un verdadero tarro, vivo desde el 2001. Ya tiene nueve años. Y tanto tiempo a uno le deja la enseñanza de sus mañas. Al encenderlo hay que esperar que primero arroje el mensaje del error que falta un archivo en la carpeta Windows, luego que cargue el Ares, el Avast y el Messenger Live 2009. Después de esperar dos minutos que conecte a internet, hay que esperar el mensaje de que el sistema está desprotegido y que hay memoria virtual insuficiente. Todo eso pasa en el periodo completo de un episodio de Los Simpons.


Muevo con lentitud el cursor, rogando que llegue rapido Junio, y cierro todas las ventanas desplegadas en mi hermosa pantalla LCD LG de 17''. Abrí Explorer e ingresé en la barra de dirección el nombre de facebook. Quería ver cómo iba lo del jueves en los mensajes internos, cuando una atractiva opción se posó frente a mis ojos. El facebook de mi hermano estaba extrañamente abierto y en su lista de amigos la imagen reflejada de mi proximo examen. No habia nada de malo de cliquear su nombre en la bara de busqueda. Entré a su muro y vi los mensajes.


Todo me pareció normal... y patetico.





Con María retomamos el contacto. Ella fue la gestora de una conversación reveladora y penetrante. Fue todo lo que necesitaba en este momento tan difícil que aún no termina. De a poco se va retomando lo que en un momento perdimos, y eso me tiene demasiado contentisimo. Me devolvió un pedazo de luz.





Fue una mañana cuando mi mamá dibujó en el calendario el día D, aquel día en que todo puede comenzar o terminar. Ese día tan trascendental como normal escrito en Word en el calendario de la bomba de bencina.


"Nos vamos este fin de semana con tu papá" me dijo y la idea de que algo nos controla se sobrepuso sobre mí.


La Providencia es inmensa.


Mi viejo el año pasado fue informado por sus patrones que era el flamante ganador de un viaje a Iquique en avión, junto a su esposa, gracias al grotesco y excesivo monto de la devolusión de impuesto recibida por su empresa. El premio lo recibió cuando en mi vida iba todo bien, cuando no necesitaba de unos días con Mary o cuando no necesitaba viajar a Huechuraba. Si se hubiesen ido el año pasado, estoy seguro que ese fin de semana lo habria pasado con Yessenia y toda habría seguido igual. Pero no era cómo deberia pasar. Tuvieron que aplazar el viaje hasta nuevo aviso, ya que mi vieja tenía que esperar que la llamaran del hospital. La operaron este verano, y cuando ya estaban listos para partir... adivina. Sucede el terremoto grado 8,8 en Concepción, y nuevamente tuvieron que aplazarlo.


"Tu papá estaba esperando un lunes feriado, para descansarlo" me decía mi mamá, sin darse cuenta de mi impresión.


"¿Puede venir Mary?" le pregunté sin meditarlo un momento. Mi alma hablaba por mí.


Su seño fruncido acuso su extrañeza por la repentina pregunta. Se descolocó.


"¿Ese fin de semana?" me preguntó.


"Si. Acuerdate que al final no vino para el verano" agregué


"Ya, pero hablalo con tu papá"


"Mi papá no será problema"





Y aquella extraña fuerza se siguió moviendo por esos días.


Aquel fin de semana lo ocuparía, sin lugar a dudas, para resolver todas las diferencias con María y para fortalecer lo que estuvo a punto de destruirse. Estaba dejandome llevar por la felicidad de la proximidad de la fecha, cuando apareció un antiguo amigo que harìa que aquel fin de semana fuera más interesante de lo que hasta ese momento era. Marcelo me dejó un mensaje en facebook, alucivo a inciar una conversación. Me alegró su aparición y abrí su ventana de contacto en Messenger. La conversación sería tajante y escalofriante.


Me contó que hace días venía pensando en mí, buscando el momento para pillarme y hablar conmigo para invitarme a su cumpleaños, fechado para el último fin de semana de junio, extrañamente el mismo fin de semana que mis padres se van a Iquique... el mismo que vendrá María.


Marcelo y María son amigos desde hace unos cuatro años, cuando ella era polola de un compañero de nosotros del liceo. Yo a Mary la conocí a mediados de julio del 2007. Por pareja, no nos vemos hace mucho tiempo. Entonces se podría decir que con María celebrariamos nuestro aniversario de tres años de conocernos, sumado a la constitución de la reconciliación en curso, más el reencuentro de Marcelo conmigo y de él con ella. Pero falta un pequeño gran detalle dentro de este impactante fin de semana. Al cumpleaños de Marecelo asistirá Daniela... con su pololo.


Cataclismico! ¿No? Ver a Daniela era algo que venía pidiendo desde hace un tiempo esa parte de mi ser que quiere probar si la superación se cumplió por completo. Y es que haber consumido el sentimiento por ella en tres meses, después de dos años de relación, aún me parece raro. Es verdad que tuve todo el apoyo y ayuda de Mary, pero noventa días aún me parece poco. Lo más chistoso es que asistiré a mi prueba acompañado por mi profesora de olvido.





Por primera vez siento que mi mundo no es completamente el problema que estoy viviendo. Que la felicidad se puede conseguir por otro lado y no tan sólo enfocarla en querer conseguir lo que quiero.


Hoy es 18 de Mayo. Falta un mes y dos semanas para el tiempo límite. La Providencia me acompañe.

jueves, 6 de mayo de 2010

Capítulo 51: Miedo

A parte de los temblores, me causa una espeluznante terror el pensar que la persona que está a mi lado se quiere lavar las manos. Me da miedo pensar que tan sólo es pena lo que siente por mí y no encuentra la manera de terminar todo... Que odio me causaría saber que unicamente está esperando que caiga para finalizar la unión y dejar todo como está. Y es que el que extienda tantos los días sin vernos y me incite a salir para alejarnos un poco más sería una jugada más que sucia.
Y es que lo que más detesto es la mentira y el temor al cómo valla reacionar. Tan mal me ve para pensar que para mí puede ser caclismico separarme de su lado (?).

Quiero pensar que estoy equivocado y que su sinceridad que tanto la caracteriza se mantenga firme y estable como al principio.