miércoles, 19 de mayo de 2010

Segunda Parte

"¿No le contaste que entraste?"
"No"
Alexander no tan sólo se habia quedado impresionado frente a su extraño encuentro casual por la ventana de la micro con la impactante imagen de la gigantesca multitienda desplegada frente a sus ojos. El joven estudiante de tecnología médica, impulsado por la misma fuerza que le impidió tomar el metro tren aquella tarde, se bajó del transporte público y cruzó la avenida, hasta quedar frente a frente con la entrada que lo separaba del interior de la multitienda.
"No entiendo. Conosco Loy's desde los doce años. He ido inumerables veces. Casi siempre iba a comer a su patio de comidas. Pero a pesar de todo eso, desde aquella tarde siento que... me llama"
Alex recorrió desde extremo a extremo todos sus anchos y lujosos pasillos, construidos con cal fina y compuestos por miles de pequeñas tiendas, que en su interior vendian desde ropa hasta comesticos. Y a cada paso se preguntaba qué era lo que tenia aquel montón de hormigon y luces parpadeantes. No significaba nada en los más absoluto un lugar como aquel, lleno de publicidad y negocio de altas proporciones. Para Alex significaba más lugares naturales o un libro, pero no un gigante comercial.
"Es extraño que no hayas querido tomar el metro" le dijo Andrea.
Ahí partió y está seguro. Algo le impidió tomar el metro y recorrer una ruta que nunca en los tres años de carrera había decidido tomar. Pero ¿Por qué Loy's? ¿Qué había dentro de él vinculado a él?
Nada. Absolutamente nada.
"¿El cine?" preguntó Simón, acostandose al lado de Andrea.
"No, Simón. Estoy seguro que Loy's no tiene nada que signifique para mí, pero a la vez lo tiene todo"
Alex recorrió la sección de electrónica, que posee dos pisos en el ala norte de la infraestructura, que desde arriba se parece a la cruz de La Cruz Roja, y estupefacto observó todos los plasmas de muestra que desplegaban nitidas y coloridas imagenes de escenas de un arrecife. Pero ahí no estaba lo que buscaba, que tampoco sabía lo que era.
"¿Saben cuando fue que me sentí más pleno y conectado con ese 'algo'?" le preguntó a sus amigos.
Ambos negaron atentos al relato.
"Cuando entré al supermercado"
En medio de la cruz, en un cuadrado perfecto, se haya el supermercado Loy's, en el cual convergen todos los departamentos de venta. Cuando Alexander se disponía a cancelar lo que había comprado para justificar su presencia entremedio de los pasillos de mercaderia, esa presencia se le quedó observando, envolviendo por completo su ser.
"Aunque nadie me miraba, sentía que todo el lugar seguía cada movimiento que ejecutaba. Estoy seguro que no eran las cajeras, las supervisoras, los clientes o los guardias. Era otra vez ese 'algo', el cual no dejaba de moverse conmigo"
Andrea y Simón, ambos acostado en la cama de la pieza que habían arrendado en un motel perdido en Vespucio, estaban boquiabiertos con lo que les relataba su amigo.
"Les juro que hasta podia escuchar mi nombre retumbar como un susurro en todos los rincones de aquel lugar" decía Alex abosorto de su incompresión por lo que le sucedía.
"Hay algo. Sin lugar a dudas algo tiene que haber" dijo Simón.
"¿Y si trabajas en Loy's?" le preguntó Andrea.
A Alexander la propuesta lo pilló mal parado. Simón casi se cayó de la cama.
"¿Estaí loca?" la recriminó Simón "Es sólo una sugestión. Ya se le va a pasar"
"Hace dos meses que no se le pasa. Y si ahora vino a interrumpir una noche de motel, es porque no es una simple sugestión" declaró Andrea "Si esto es lo mismo que les pasa a los hombres cuando se atracaron una mina que nunca les dio la pasaá. Quedan con el empacho en el cuerpo y no se pueden deshacer de él. Ni siquiera tirandose a otra mina. Lo que tienes que hacer Alexander" dijo apuntandole con el dedo índice, decidida a que su propuesta se cumpliera "Es buscar trabajo en Loy's y ahí saber qué es lo que en realidad te pasa"
Simón y Alex estaban en un sumiso silencio. Temían de la potente voz de Andrea cuando se decidía a decir algo, lo cual no podia ser refutado o criticado. Sin embargo, el tecnologo médico comenzó a analizar lo dicho en silencio.
"Es una estupidez" dijo Simón, dejandose caer en el lecho de la cama.
"Es lo mejor" dijo Alexander.
"Obvio" dijo Andrea
"¿Vas a postular a Loy's?" le preguntó su amigo sentadose de nuevo en la cama.
"Si no soy parte de él, nunca sabré que es lo que me atrae de forma tan desesperada" dijo Alex decidido.

La noche se disponía a terminar. El alba estaba proxima. Alexander no podía creer que se encontraba frente a su notebook escribiendo su primer currilum vitae. Nunca había postulado a un trabajo, y ahora iba a por un puesto en una de las multitiendas más grande del planeta. Exitados sus dedos tecleaban toda la información que el documento necesitaba, y de forma rápida, porque Alex estaba dispuesto ese mismo día a ir a presentar su CV a Loy's.

Capítulo 53: "Loy's"

Fue sorpreviso saber que aún lees por ahí mis cosillas... ¿Me he superado? Espero que sí. Saludos Dennisse.

Todo aquel ser que pase por este blog y tenga una continua presencia en lo que respecta a lectura, podrá haber notado que me salté el capítulo 52. Tal capítulo existe, pero por precaución de privacidad al sospechar de visitantes inesperados, prefiero dejarlo oculto en mi bandeja de borradores, ya que tal episodio contiene información clasificada, la cual al ser revelada puede perjudicar la ejecución de hechos futuros. Espero poder subirlo más adelante, cuando los hechos ya estén consumados.

A continuación una historia que se me ocurrió y quiero compartir. Se títula "Loy's" y espero les agrade.

La parte norte de Santiago se desplegaba por todo el paisaje como un manto de luciernagas estaticas palpitantes, sucedido por el sonido lejano de los vehiculos que pasaban por la costanera. Respiró con fuerzas el aire frío estacando ahí en el piso 21. Trató de nuevo buscar las respuestas y estar un poco mejor, pero aquella pequeña e inuvicable astilla en su mente no se iba. Sólo buscó fuerzas para hacer lo tenía que hacer. Dejar pasar lo minutos podía ser fatal.
El ventanal de acceso al balcón en donde se encontraba se deslizó, dejando escapar todo el bochornoso ruido que venía desde el interior del departamento; música, risas, vasos chocando, garabatos, insinuaciones, un "ya po', güeón... entren" y el vaciado de un cuarto de ron en una taza de café. Stephany cerró el ventanal y se sentó en frente de él. Alexander le recibió el vaso de Coca-Cola, agradeciendole con una sonriza. Desde hace semanas que ni siquiera un "gracias" podía esbozar.
"Ya, mi amor, te traje tu Coca, salimos al balcón. Creo que te tengo más comodo de lo que este departamento me lo permite" dijo Stephany, sonriendo ya nerviosa.
Alexander no dejaba de estar hipnotizado por la bella imagen del Santiago dormido y luminoso.
"Lo que te tengo que contar, te lo cuento a ti porque nadie más ha sido capaz de entender lo que siento" dijo serio y grave.
Stephany odiaba que su pololo desde la media comenzará así una conversación. Sentía que la garganta se le secaba al experimentar tanto miedo y su mente se volcaba tratando de saber qué le ocurría.
"Para eso estoy yo, mi amor, para escucharte siempre" trató de quitarle gravedad a la tensa voz de su novio.
Alexander se giró nuevamente hacia la ciudad. No queria perderse en sus ojos. Quería tener la idea clara, para que saliera sin filtros.
"Desde el día en que desperté en el hospital, después del accidente, siento que algo nunca más fue igual en mi vida" comenzó "Es algo que está desde que abrí los ojos aquella tarde, algo que me sigue a todos lados e indudablemente no me ha dejado. Si me preguntas qué es, no te puedo dar una respuesta totalmente clara. Tan sólo te puedo decir que es algo que me dice 'No eres tú'"
Alexander denotó incompresión y rabia al no entender que era lo que realmente le pasaba.
Stephany le quitó el vaso desde las manos y lo dejó sobre el borde del balcón y en silencio, un tanto apenada, le tomó las manos, buscando brindarle un poco de apoyo. Él la miró sonriente y perdido, tratando de saber por qué había perdido las ganas de besarla.
"Me siento incomodo dentro de mi mismo cuerpo. Siento que no es mío. Y que la vida me la prestaron..."
"Shhh" le dijo ella, posando sus dedos sobre sus labios. Luego le acarició los pelos y la mejilla.
"Nada es igual desde el día del accidente"
Alexander una noche de viernes, hace un año, salió desde un pub en Providencia a contestar una llamada de su celular. Los seis vasos de ron-cola en su sangre lo llevaron a quedarse de pies en medio de la intersección de la avenida 11 de Septiembre y Antonio Varas, para que a 120 kilometros por hora una camioneta le quebrara cuatro costillas y lo dejara inconciente por dos días.
"Todo va a estar mejor, mi vida" le dijo su polola abranzandolo.
Alexander se la quitó con ternura de encima.
"Desde aquella tarde sentí que perdí muchas cosas. Estoy seguro que no soy el mismo y no hay nada en la faz de la Tierra que me devuelva ese pedazo que se me fue. Y no puedo entender cómo el golpe que me di en la cabeza me haya cambiado tanto. Fue sólo un golpe..."
"Pero si los doctores dijeron que tu cerebro habia recibido multiples golpes que podían derivar en secuelas futuras" lo interrumpió Stephany.
Alexander odiaba que lo interrumpieran.
"Esas secuelas ya no se produjeron, Stephy" dijo serio "Esto es otra cosa"
Ambos se sumieron en un negro silencio. En los diez minutos de conversación no lograban engranarse.
"Pero hace dos meses me ocurrió algo extraño" dijo Alexander "Iba a tomar el metro en estación Los Leones, cuando algo me detuvo y preferí irme en micro hasta La Florida. Así que me fuí por Macul hasta la casa, una ruta que no hacía desde el accidente. Y fue cuando pasé por el frente de Loy's"
Loy's es una gigantesca multitienda construida en más de cinco mil metros cuadrados sobre la falda de la cordillera. Destronó desde mediados del 2005 a Ripley y Falabella en lo que respecta retail, quedandose con el trono de todo tipo de mercado. Su infraestructura omnipotente se deplegaba a travez de cientos de metros por un buen pedazo de borde de avenida La Florida. Alexander pasó por el frente de esta gigantesca e iluminada construcción hace unos dos meses, quedando impresionantemente impactado por su presencia.
"Aquella noche no pude dormir tratando de entender qué habia echo click en mí al ver esa monumental infraestructura" dijo alucinado.
"Es bonito Loy's" dijo Stephany, siempre restandole emoción a los relatos de su pololo "Y es obvio que te haya impresionado, amor. Ese mall es impresionamente gigantesco. Es una de las construcciones más grandes de Latinoamerica"
Alexander la observó ya un poco molesto.
"Ahora ya no tomo el metro para irme a la casa después del instituto" declaró sonriente, casi como si se tratara de una travesura "Y cada vez que paso tengo que observarlo. Y es que estoy seguro de casi llegar a oirle"
"Es la publicidad, Alex" le dijo Stephany riendo a carcajadas.
A él no le pareció nada de divertida la declaración. Se estaba abriendo frente a un tema guardado y su polola le contestaba con una risotada. Estaba seguro que lo que a continuación tenía que decirle le iba a quitar todo vestigio de risa en su rostro. Alexander sonrió igualmente de mala manera y le dijo:
"¿Recuerdas cuando llegaste esa noche al hospital a verme?"
"Sí" asintió Stephany extrañada.
"En ese momento sentí algo que pensé decaería con el tiempo, con los días o en algunas semanas. Pero no sucedió así" le dijo Alexander.
"¿Qué cosa, mi vida?" le preguntó Stephy incomoda.
"Sé que tenemos que luchar contra nuestros miedos y dudas, para así poder caminar libres y sin vacilaciones..."
"¿Qué cosa sentiste, Alex?" le preguntó Stephany ya asustada.
"Esa noche, cuando entraste y me besaste, sentí... nada" dijo él.
"¿Nada?"
"Nada. Ni pasión, ni amor, ni siquiera aprecio" dijo Alex tajante.
Stepanhy sintió que se congelaba y carbonizaba al mismo tiempo. El tiempo alrededor pareció realentalizarce y la figura de Alexander frente a sus ojos pareció alejarse.
"Es broma" logró tartamudear.
"Ojalá fuera broma, Stephany" le dijo Alex ya más tranquilo "Pensé que el amor volvería, pero con el pasar de los meses no sucedio así"
"¡Pero el accidente no te quitó el amor por mi, Alexander!" le dijo Stephy desesperada "Tiene que ser otra cosa"
"Haya sido lo que haya sido, ya sucedió" le dijo él "Te dejo, Stephy" y se levantó del asiento.
Al abrir el ventanal y escuchar el ruido rompedor, Alexander pareció sentirse un poco más liviano... un poco más feliz.

A las tres de la madrugada, Loy's estaba apacible y silencioso. Su luz podía hasta verse desde Vicuña Mackena. Indudablemente era un Dios de todo lo construido sobre Chile. En su rededor no había alma alguna circundando. Tan sólo estaba él, fumandose un cigarro, arropado hasta la punta de los pelos por el pesado frío, preguntandose por qué admiraba tanto ese lugar.

martes, 18 de mayo de 2010

Capítulo 52: Deadline

Estoy más que seguro que a mi computador le quedan pocos días de vida. Es un Pentium 4, con un RAM de 128 mgb, que no te permite tener dos programas abiertos a la misma vez. Es un verdadero tarro, vivo desde el 2001. Ya tiene nueve años. Y tanto tiempo a uno le deja la enseñanza de sus mañas. Al encenderlo hay que esperar que primero arroje el mensaje del error que falta un archivo en la carpeta Windows, luego que cargue el Ares, el Avast y el Messenger Live 2009. Después de esperar dos minutos que conecte a internet, hay que esperar el mensaje de que el sistema está desprotegido y que hay memoria virtual insuficiente. Todo eso pasa en el periodo completo de un episodio de Los Simpons.


Muevo con lentitud el cursor, rogando que llegue rapido Junio, y cierro todas las ventanas desplegadas en mi hermosa pantalla LCD LG de 17''. Abrí Explorer e ingresé en la barra de dirección el nombre de facebook. Quería ver cómo iba lo del jueves en los mensajes internos, cuando una atractiva opción se posó frente a mis ojos. El facebook de mi hermano estaba extrañamente abierto y en su lista de amigos la imagen reflejada de mi proximo examen. No habia nada de malo de cliquear su nombre en la bara de busqueda. Entré a su muro y vi los mensajes.


Todo me pareció normal... y patetico.





Con María retomamos el contacto. Ella fue la gestora de una conversación reveladora y penetrante. Fue todo lo que necesitaba en este momento tan difícil que aún no termina. De a poco se va retomando lo que en un momento perdimos, y eso me tiene demasiado contentisimo. Me devolvió un pedazo de luz.





Fue una mañana cuando mi mamá dibujó en el calendario el día D, aquel día en que todo puede comenzar o terminar. Ese día tan trascendental como normal escrito en Word en el calendario de la bomba de bencina.


"Nos vamos este fin de semana con tu papá" me dijo y la idea de que algo nos controla se sobrepuso sobre mí.


La Providencia es inmensa.


Mi viejo el año pasado fue informado por sus patrones que era el flamante ganador de un viaje a Iquique en avión, junto a su esposa, gracias al grotesco y excesivo monto de la devolusión de impuesto recibida por su empresa. El premio lo recibió cuando en mi vida iba todo bien, cuando no necesitaba de unos días con Mary o cuando no necesitaba viajar a Huechuraba. Si se hubiesen ido el año pasado, estoy seguro que ese fin de semana lo habria pasado con Yessenia y toda habría seguido igual. Pero no era cómo deberia pasar. Tuvieron que aplazar el viaje hasta nuevo aviso, ya que mi vieja tenía que esperar que la llamaran del hospital. La operaron este verano, y cuando ya estaban listos para partir... adivina. Sucede el terremoto grado 8,8 en Concepción, y nuevamente tuvieron que aplazarlo.


"Tu papá estaba esperando un lunes feriado, para descansarlo" me decía mi mamá, sin darse cuenta de mi impresión.


"¿Puede venir Mary?" le pregunté sin meditarlo un momento. Mi alma hablaba por mí.


Su seño fruncido acuso su extrañeza por la repentina pregunta. Se descolocó.


"¿Ese fin de semana?" me preguntó.


"Si. Acuerdate que al final no vino para el verano" agregué


"Ya, pero hablalo con tu papá"


"Mi papá no será problema"





Y aquella extraña fuerza se siguió moviendo por esos días.


Aquel fin de semana lo ocuparía, sin lugar a dudas, para resolver todas las diferencias con María y para fortalecer lo que estuvo a punto de destruirse. Estaba dejandome llevar por la felicidad de la proximidad de la fecha, cuando apareció un antiguo amigo que harìa que aquel fin de semana fuera más interesante de lo que hasta ese momento era. Marcelo me dejó un mensaje en facebook, alucivo a inciar una conversación. Me alegró su aparición y abrí su ventana de contacto en Messenger. La conversación sería tajante y escalofriante.


Me contó que hace días venía pensando en mí, buscando el momento para pillarme y hablar conmigo para invitarme a su cumpleaños, fechado para el último fin de semana de junio, extrañamente el mismo fin de semana que mis padres se van a Iquique... el mismo que vendrá María.


Marcelo y María son amigos desde hace unos cuatro años, cuando ella era polola de un compañero de nosotros del liceo. Yo a Mary la conocí a mediados de julio del 2007. Por pareja, no nos vemos hace mucho tiempo. Entonces se podría decir que con María celebrariamos nuestro aniversario de tres años de conocernos, sumado a la constitución de la reconciliación en curso, más el reencuentro de Marcelo conmigo y de él con ella. Pero falta un pequeño gran detalle dentro de este impactante fin de semana. Al cumpleaños de Marecelo asistirá Daniela... con su pololo.


Cataclismico! ¿No? Ver a Daniela era algo que venía pidiendo desde hace un tiempo esa parte de mi ser que quiere probar si la superación se cumplió por completo. Y es que haber consumido el sentimiento por ella en tres meses, después de dos años de relación, aún me parece raro. Es verdad que tuve todo el apoyo y ayuda de Mary, pero noventa días aún me parece poco. Lo más chistoso es que asistiré a mi prueba acompañado por mi profesora de olvido.





Por primera vez siento que mi mundo no es completamente el problema que estoy viviendo. Que la felicidad se puede conseguir por otro lado y no tan sólo enfocarla en querer conseguir lo que quiero.


Hoy es 18 de Mayo. Falta un mes y dos semanas para el tiempo límite. La Providencia me acompañe.

jueves, 6 de mayo de 2010

Capítulo 51: Miedo

A parte de los temblores, me causa una espeluznante terror el pensar que la persona que está a mi lado se quiere lavar las manos. Me da miedo pensar que tan sólo es pena lo que siente por mí y no encuentra la manera de terminar todo... Que odio me causaría saber que unicamente está esperando que caiga para finalizar la unión y dejar todo como está. Y es que el que extienda tantos los días sin vernos y me incite a salir para alejarnos un poco más sería una jugada más que sucia.
Y es que lo que más detesto es la mentira y el temor al cómo valla reacionar. Tan mal me ve para pensar que para mí puede ser caclismico separarme de su lado (?).

Quiero pensar que estoy equivocado y que su sinceridad que tanto la caracteriza se mantenga firme y estable como al principio.

viernes, 30 de abril de 2010

Capítulo 50: Dejar ir

Cumpleaaaaaños feliz, te deseamos a ti... cumpleaños capítulo cincuenta... que los cumpla feliz... ¡Bravoooo!

Muchas veces he pensado en escribir el capítulo prohibido, ese que habla de los terribles meses al lado de Daniela, porque en el momento que iba a escribirlos, Maria me aconsejó no mencionarlo, ya que rememorar aquellos momentos ya no valía la pena.
Ahora Maria se encuentra lejos, y no me refiero a la distancia, si no a nuestra relación.

Ojalá pudiera encontrar lo que originó el terremoto, de eso hace dos meses, y golpearlo hasta que muera, porque desde aquel inolvidable 27 de Febrero todo va para convertirse en otro capítulo prohibido.
Sinceramente había evitado relatar los duros momentos que he tenido que vivir en estos dos últimos meses, porque siento que las cosas pueden ir mejor y que no volvería a sentir desagradables sensaciones. Pero de eso nada.
¿Tienen que ser necesarias tantas caidas? ¿Es tan difícil la adultez que en la juventud se tiene que aprender de todo a golpe y porrazo?
Terminamos con Yessenia y ahora vivimos una extraña y dolida relación. Con Mary me distancié por el mismo tema (y ahora que escribo estas líneas la pena ahoga al sentir que la mente se esclarece y que tengo conocimiento que todo puede ser mejorado). Isabella casi se mató andando en moto y ahora, nuevamente, se distanció de Jack. Y hablando de Jack, hace una hora me entero de que le cayó una estructura metálica en el hombro derecho. De él no sé hace unos tres días.

Es asqueroso sentir que tanta superación y cambio no sirven de nada, y la misma vida se encarga de resfregartelo en la cara. Claro, uno piensa que después de meses de sufrimiento extremo y de conocer la peor cara del ser humano, te encontrarás con personas mejores y que las situaciones serán más fluidas y no tan complicadas. Pero resulta que te das cuenta que hay cosas que aún te quedan por sentir; sentimientos tan radicales y poderosos como la desilución total por un ser amado o el hostigamiento de situaciones que se desencadenan sin más previo aviso. Es así de simple. Las personas cambian su forma de parecer y todo queda estancado... ¿Qué es lo que nos mueve a seguir intentando? Eso es lo que me cuesta entender.
Con Daniela lo intentamos mil veces antes de darme cuenta que nunca deberiamos habernos dado ni siquiera una oportunidad. Y ahora, con la experiencia en el cuerpo, vuelvo a caer en el mismo juego, con diferencias garrafales, obviamente, de eso no hay duda, pero... si hubo una vez que dije "basta", por qué ahora estoy jugando sobre el mismo tablero.
¿Es bueno creer tanto en la gente? ¿Es bueno entregar todo?

Quiero que este maldito terremoto personal termine, porque ahora siento que estoy en el medio de ese puente colgante que une ambos riscos. Sé que puedo cambiar las cosas para mejor, pero es tanto el amor, los deseos, las ganas de conseguir lo que quiero, que hay "algo" gigantesco y supremo que está interviniendo mi sentido común hacia todas las situaciones que me rodean y mi propio actuar.
No recuerdo haber persivido tantas manifestaciones negativas al momento de querer dejar todo.

Sólo quiero volver a sentir... si, esa es la palabra, sentir sensaciones que dejen espectativa y que me muevan a hacer cosas dentro de un vivir sano. Quiero que las cosas se arreglen y que todo pueda ir un poco mejor.

Espero tener que volver a escribir porque amo y porque me aman, porque las personas a mi lado ríen sin temor y sin miedo a nada... a nada.

martes, 20 de abril de 2010

Capítulo 49: Días de Lluvia

Se fueron las llamadas y las respuestas. Desapareció toda la atención y los deseos de algo. Espero que sólo sea la maquinación de mi negra imaginación.

A esa hora el aguacero que despertó a Santiago la mañana del viernes ya se había retirado. Los cielos timidamente comenzaron a despejarse y el olor de la tierra humeda envolvió la casa.
Isabella decidió salir al centro de San Bernardo a pagar algunas cuentas, algo tan rutinario como levantarse o desayunar, sin embargo, el tiempo y las casualidades le tenían deparado no volver a la hora prevista.

Jack llamó inusualmente temprano la mañana del sábado.
"Mi hermano habló con la hermana de Isabella... al parecer se cayó de la moto y está en la casa, en cama"
Al principio la noticia no me causó la impresión que requería lo que realmente habia sucedido. Isabella ya tenía una caída en la motocicleta de velocidad de Felipe, entonces la nueva mas o menos no me preocupó
"Llamala para cachar como está"
"Bueno"
La jornada de medio día del sábado fue un tanto ardua, asi que la llamada la concreté alrededor de la una de la tarde.
Su voz era intervenida por algún cuerpo extraño, quizás una herida de consideración. Fue desde el momento en que me contestó que supe que no había sido cualquier caída. Lamentablemente, entre el móvil de la oficina y su celular, la comunicación siempre es infroctuosa. Logré captar nada y poco lo que había sucedido, tan sólo que su lado derecho estaba casi todo moreteado y el golpe (aún no sabía cómo se lo había echo) le provocó un TEC cerrado en la cabeza.

El día de ayer crucé la mitad de Santiago para saber de ella y su estado. Desde Providencia, por la línea cuatro, hasta Macúl y luego una troncal, llegué hasta las lejanas y oscuras villas de San Bernardo sur; Las Palmeras. Ahí, en su cama, estaba Isabella, inmovilizada por un cuello ortopedico de espuma, sonriendo con un dejo de dolor. Fue aquel el momento para saber que era lo que exactamente había ocurrido.
"Iba detrás de esta tipa..." comenzó a explicar "... Y parece que era aprendíz, porque al frenar lo hacia bruscamente. Entonces veniamos por Arturo Prat (arteria centrica de San Bernardo), el piso estaba resbaladizo por la lluvia que habia caido, cuando derepente frenó y no alcancé a hacer nada más que frenar"
Mi amiga me contó a modo de detalle que estaba a dos metros del vehiculo que la sucedia y se desplazaba a unos cincuenta kilometros por hora. Una velocidad baja, pero velocidad al fin y al cabo. Al frenar para no impactar con la maleta del automovil, la motocicleta se desestabilizó hacia el lado derecho, cayendo sin poder evitarlo. Isabella recuerda que su cuerpo se azotó contra el piso y debido a la velocidad que llevaban ella y su "vehiculo", ambos comenzaron a patinar por el asfalto húmedo.
"Yo veía el cielo y después el piso. Era donde iba rodando" relataba acusando el terror vivido a travéz de sus ojos.
Inevitablemente era lo que tenía que suceder. Su cuerpo iba a una velocidad que no fue reducida al frenar la moto, ya que ésta cayó. Entonces su cuerpo se proyectó a travéz del pavimento, rodando mientras perdía la energía que su fisiologia transportaba antes de caer. Siendo sinceros, es lo mejor que pudo haber pasado. En el caso que el pavimento no hubiera estado mojado, el accionar de los frenos habría echo que la motocicleta ocupara los dos metros que la separaban del vehiculo siguiente para perder la velocidad que traía, inevitablemente chocando contra la parte posterior de éste. Esto habría provocado que Isabella o hubiera quedado incrustada en el parabrisas posterior o, peor aún, habría salido proyectada por los aires con quizás qué concecuencias. Pero la vida quiso otra cosa.
Su cuerpo se detuvo y el griterío de las mujeres que vieron la maniobra se desató a su alrededor. Y vinieron los segundos de inconciencia. Era la sangre queriendo estallar dentro de su cráneo, pero esto tampoco sucedió.
Recuerda que al volver en si había una mujer sobre ella y unos paramédicos chequeando su estado, y lo que más terror le causa recordar; no sentía su pierna.
"Creí que la iba a ver toda rota o lejos de donde tenía que estar" me relató "La ambulancia llegó super rapido. Me inmovilizaron completamente y me llevaron al hospital El Pino. Y debido a la gravedad, me deribaron al Barros Luco"
La observaba y me costaba creer la inmensa suerte que había corrido. Sin dudas una lección para aprender.
La mujer que estaba con ella, que tambien contestó el célular cuando su mamá la llamó y tuvo el valiente papel de contarle que su hija se había accidentado, le guardó su célular y algunas pertenencias más. El choque se produjo a las afueras del mall Plaza San Bernardo, en donde los guardias se encargaron de guardar la malograda motocicleta.
Isabella volvió ocho horas después a su casa.

A pesar de sentir una agradable sensación de que todo lo ocurrido haya sido pequeño comparado a lo que verdaderamente debería haber ocurrido, habían extraños sentimientos encontrados. En estos casos se denota la ineficiencia de las comunicaciones y la tecnólogia. "Bonita" sufrió el accidente alrededor de las dos de la tarde el viernes. Jack supo de lo ocurrido ya entrada la noche del mismo día. Yo me enteré del accidente una veinte horas después. El sábado habría sido una odisea salir a las nueve de la noche y viajar a San Bernardo para haber estado tan sólo un ratito. Es por esto que le informé de mi visita para el día lunes. Sin embargo, el domingo decidí ir después del trabajo, pero a las seis una falla en la red eléctrica del supemercado me obligó a quedarme hasta las once de la noche trabajando.

Ahora son las nueve de la noche del martes 20 de Abril, y Jack aún no la va a visitar... y dudo determinantemente que lo haga.

viernes, 9 de abril de 2010

Capítulo 48: La Verdad

La verdad es que estoy aterrado. No tengo memoria de haber sentido lo que siento ahora, ni siquiera aquella noche de viernes, en el parque Uruguay. Esa vez era rabia, y estoy seguro de haber presenciado peores sensaciones de ira en mí. Ahora es un extraño nudo que me recorre el estomago y el pecho, a veces llegando a rascarme la garganta, sumiendome en días de oscuridad, aunque el sol irradie con fuerzas la faz de los lugares que recorro. Las voces en las combinaciones de metro, atestadas de personas preocupadas de sus vidas, parecen más distantes, y el camino de regreso a casa es mil millones de horas más extenso que el año pasado.
Dudo, realmente, aunque digan que los sentimientos de amor hacia las personas siempre son diferentes, de haberme enamorado de Daniela, o de haber querido a Dennisse. Esto me tiene totalmente destruido. Se vuelve literal la falta de aire. Los despertares en medio de la madrugada son más agitados y más solitarios, ahogados por esa oscuridad que tan sólo su voz era capaz de disipar.
"Quizás algunos problemas en el trabajo o muchas tareas en el instituto" me dijo mientras me revisaba la garganta.
"No"
"¿Problemas en la casa o con la polola?"
Y la pelicula del miercoles pasa por el frente de mi vista. Ese fatidico y suicida momento en que la micro llegó y ella no se quiso soltar. No sé de donde mierda saqué las fuerzas para posar mis manos sobre su vientre y arrancarmela de encima. Le di la espalda y para no ser victima del margen de error, corrí hasta la pisadera del bus. Desde ahí no la he vuelto a ver.
Y a los recuerdos y los deseos frustrados, se suman las terribles cefaleas que me diagnosticó el doctor, los mareos constantes y las nuevas nauseas. Las ganas de despertar a su lado me hunden en el barro negro de sus miedos y su orgullo.

¿Qué tan grande es la Providencia para volcar todo lo que está sucediendo?