He pensado y he llegado a la conclusión que si por miedo a enfrentarte a esto nuevo y desconocido me quitaste "eso", yo de a poco te puedo ir quitando "esto" que tanto te encanta. Y no tendrías cara para pedir que te dé de "esto", porque tú ya no me das de "eso". Entonces pasará el tiempo y te darás cuenta que extrañas mucho "esto" y días más tardes querrás de "eso", entonces tal vez llegues a pedir de "eso" y "esto".
Tardes Negras.
Llegúe y le pregunté al guardia:
"Vengo a entregar el pase provisorio y a pedir el mío"
"En esa fila" me índico.
"Gracias"
Quizás hacían unos treinta grados a la sombra.
Algunos de los integrantes de la cola venían desde Iquique a validar su pase escolar para el transporte público, y yo ya estaba medio chato después del tramite de la matrícula en el DUOC. Cuando llegué a la ventana me atendió una mujer de unos treinta y tantos, sonriente y calida, con su rostro lleno de pecas y un amarrado pelo castaño.
"Hola. Le cuento. El año pasado se me perdió el pase y al pedirlo me dieron uno provisorio. Ese falló a la semana y me pasaron otro. Entonces me dijeron que cuando éste caducara, viniera a pedir aquí el mío"
"Su carnet, por favor"
Cuando te dicen eso, quedas con la extraña sensación de que no escucharon nada de la preparada explicación. Abrí mi billetera y le pasé el carnet con mi foto de quince años. Es un asco. Frunciendo un poco el seño, como queriendo entender todo lo que veía en la pantalla del computador, la señorita comenzó a ingresar mis datos para terminar con el tramite.
"¿Tú no hiciste el tramite acá?" me preguntó
Te dije que aquí no hice la petición, si no que vine a pedir el repuesto al pase provisorio malo.
"No, lo hice al frente"
"Entonces tienes que ir allá a buscar tu pase"
No dije nada. Sólo le sonreí sinicamente y le recibí mi carnet. Crucé Eliodoro Yañez hasta la otra oficina de distribución de la tarjeta nacional estudiantil, en donde jovenes se agrupaban en dos filas, comandados por un señor de camisa y pantalón ajustado.
"Hola, vengo a de volver mi..."
"En esa fila, por favor"
"Gracias"
El tipo, que las hacia de guardia, informante y sabelo todo, hacia pasar de a cinco personas por fila. Hizo primero pasar a la otra fila, en donde los jovenes venían recién a hacer el tramite para sacar el nuevo pase escolar, y luego nos hizo pasar a nosotros. Unos veinte minutos en la fila y la señora del módulo número diez me hace pasar.
"Hola. Vengo a buscar mi pase"
"Su pase provisorio y su carnet" me dijo estirando su mano enjollada en dos anillos.
Y la misma canción. Miró mi carnet e ingresó el rut, y nuevamente la frunción de cejas ¿Qué mierda pasaba ahora?
"Este pase no es tuyo"
"Lo que pasa es que el provisorio que me dieron por el que vine a sacar falló y me pasaron ese" le expliqué con una paciencia forzada.
"Lo que pasa es que éste está a nombre de otra persona" dijo.
Ahí fuí yo el que arqueó las cejas ¿Otra persona? Ahora eran ellos los que tenían el enredo administrativo, pero mejor quise esperar. No me servía de nada ponerme a cuestionar su administración, si ella nuevamente se volcó sobre su computador para tratar de resolver el problema.
"Esperame un poquito" me dijo y se levantó de la silla en dirección a donde no sé chucha.
Estuve ahí, observando como los jiles que estaban veinte puestos más atrás en la fila llegaban y se llevababan en menos de dos minutos su pase. Se demoró alrededor de cinco minutos en volver.
"Espera ahí, debajo del reloj, y va a venir mi jefa a atenderte" me dijo.
Supuse que su jefa se había quedado con mi carnet y con el sospechoso pase provisorio, perteneciente quizás de quién, porque la señora no me entregó nada. Estuve unos siete minutos mirando videos musicales desde un plasma clavado en una esquina de la sala, hasta que llegó la estupenda jefa. Una mujer de unos veintinueve años, rubia, de tes blanca y una considerable estatura me atendió toda sonriente.
"Omar, tienes que ir a pedir el pase que nosotros te dimos al frente (oficina donde habia estado hace unos minutos), traerlo y nosotros te damos el tuyo" me dijo.
"Ya ¿Tengo que hacer la fila otra vez?" le pregunté neutro. A ella ni loco le habría levantado la voz.
"No, pasas directo al módulo en donde te atendieron. Acompañame para pasarte un papel" me dijo.
La seguí por un pasillo aledaño hasta una oficina. A una secretaria le pidió un pequeño papel, más pequeño que el tamaño del carnet y escribió en él su nombre y la fecha de hoy. Era un papel que me salvaba de hacer nueeeeeevamente la fila y llegar directo a retirar mi pase. Crucé nueeeevamente Eliodoro Yañez y llegué hasta donde la señorita que me atendió al principio de esta tortuosa historia.
"Hola, me mandaron otra vez para acá" le dije ya un poco serio y con la voz gruesa "Me dijeron que tenía que retirar aquí el pase que ellos me pasaron, yo devolver éste y así me pasaran el mío"
"Pase a los módulos entonces"
Estoy seguro que esta noche, si no hablo con Yessenia, tendré pesadillas con los módulos.
Me dirigí hasta el asiento de un escritorio en donde una joven me esperaba. Le explique toda la pelicula y al final se paró y se dirigió a otro lobulo. Unos minutos de extasis rabica más y creí que iba a estallar. La loquilla llegó y me pasó el pase provisorio malo.
"Con éste vas al frente y pides el tuyo"
"Gracias" le dije.
Sentía que se acercaba el final.
Crucé por tercera vez la puta y maldita calle. Ahora habían más güeones afuera, y filas más largas, pero yo llegué y le mostré el papelito con el nombre de la jefa y me dejó pasar.
Cuando salí, no dudé en ir a ese local de completos que siempre veíamos con los chiquillos. Quise saber que tal era la mano de las cocineras así que pasé a comprarme un italiano. Era tan grande como las ganas de tener una usi semiautomatica con balas infinitas para dar de muerte a unas cuantas secretarias.
Y cuando voy a cambiar el estado de relación es facebook, no se cayó internet, no se pegó el computador, no hubo una llamada intermediaria, tan sólo se produjo el apagón nacional del 14 de Marzo.
martes, 16 de marzo de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
Capítulo 45: Más vale lo que vuelve
Volvieron los mensajes de textos y los saludos en el muro de ambos. Es extraño. Pensé que todo lo que me ha pasado me iba a hundir más, pero el regreso de Isabella me renovó por completo las energias. El viernes, cuando se completaba la segunda semana después del terremoto, nos encontramos en una casa compartiendo un ron-cola, mientras que ella se fumaba un cigarro y yo me reía de las interminables bromas del mejor amigo de Natalia. Está todo bien, aunque los oidos sigan atentos a si las latas del cobertizo del jardin suenan. Ya era demasiado el tiempo que llevaba sin carretear y demasiadas las horas con el pecho todo apretado de angustia. Necesitaba olvidar, y más que nada, necesitaba sentir ese lazo invicible para los demás, ese que me mantiene unido a Isabella. Durante la tarde me llamó para conversar, y me llenó de alegria el ver el visor de mi teléfono y saber que habiamos hablado alrededor de una hora y quince minutos. Nos dimos fuerzas y tratamos de mirar de forma objetiva todo lo que estaba pasando. Doce horas más tarde conversabamos del momento de la catastrofe observando la panoramica de la Maestranza de San Bernardo que ofrecia el departamento ubicado en el quinto piso de aquel alto edificio. Nos tomamos unas fotos, como en los tiempos del Monserrat.
Se escuchó un desajustado golpecito en la puerta, como la cola nerviosa de un perro, y al abrir, entró la pequeña Bela, sonriendo como si hubiera echo alguna travesura.
"Pasó un camión por afuera de mi casa, Omar" nos contaba con asombro "Y toda mi casa de movía"
Y luego entró mi mamá, abrazada por mi viejo, llorando y desconsolada. Simón se abalanzó sobre sus hombros y la abrazó. El momento lo había vivido sola junto a Bela, teniendo completo desconocimiento de lo que nos había ocurrido a nosotros. Su llanto justificaba la angustia de no haber estado con los suyos. Me levanté de la silla y la abracé, tratando de demostrarle que yo estaba bien, ya que cargo con el cartel de tenerle terror a estos tipos de evento.
Las horas pasaron volando llamando a todos lados. John aún no sabia de los suyos y yo no podía contactarme con Isabella ni con Maria. Por la radio se podía percibir la sensación del desastre, desastre del cual no tendria noción hasta la noche de aquel sábado. Sin embargo, aquí en los condominios la única agitación que habia era de algunas dueñas de casa llorando y uno que otro vehiculo saliendo hacia el exterior. Gracias a la luz de la luna, pudimos chequear los rededores y saber que ninguna casa había sufrido daño estructural. Por esto y por la paz que a ratos se apoderaba del lugar, nunca nos imaginamos lo que verdaderamente ocurrió a nivel país, hasta que por la radio se informó del primer muerto, y minutos más tarde, el desplome de un edificio en Concepción.
Luego de incontables intentos por comunicarnos con nuestros familiares y amigo, llegó la resignación. Lo ocurrido era demasiado grande y potente, por lo mismo sería muy difícil tomar contacto con el exterior. Decidimos ir a dormir para que las horas pasaran más rapido, a demás, al otro día tenía que ir a trabajar. Pero nadie durmió. Creo que hubieron replicas del terremoto cada cinco minutos, las que fueron de una considera magnitud. Tal situación nos impidió cerrar los ojos.
Se escuchó un desajustado golpecito en la puerta, como la cola nerviosa de un perro, y al abrir, entró la pequeña Bela, sonriendo como si hubiera echo alguna travesura.
"Pasó un camión por afuera de mi casa, Omar" nos contaba con asombro "Y toda mi casa de movía"
Y luego entró mi mamá, abrazada por mi viejo, llorando y desconsolada. Simón se abalanzó sobre sus hombros y la abrazó. El momento lo había vivido sola junto a Bela, teniendo completo desconocimiento de lo que nos había ocurrido a nosotros. Su llanto justificaba la angustia de no haber estado con los suyos. Me levanté de la silla y la abracé, tratando de demostrarle que yo estaba bien, ya que cargo con el cartel de tenerle terror a estos tipos de evento.
Las horas pasaron volando llamando a todos lados. John aún no sabia de los suyos y yo no podía contactarme con Isabella ni con Maria. Por la radio se podía percibir la sensación del desastre, desastre del cual no tendria noción hasta la noche de aquel sábado. Sin embargo, aquí en los condominios la única agitación que habia era de algunas dueñas de casa llorando y uno que otro vehiculo saliendo hacia el exterior. Gracias a la luz de la luna, pudimos chequear los rededores y saber que ninguna casa había sufrido daño estructural. Por esto y por la paz que a ratos se apoderaba del lugar, nunca nos imaginamos lo que verdaderamente ocurrió a nivel país, hasta que por la radio se informó del primer muerto, y minutos más tarde, el desplome de un edificio en Concepción.
Luego de incontables intentos por comunicarnos con nuestros familiares y amigo, llegó la resignación. Lo ocurrido era demasiado grande y potente, por lo mismo sería muy difícil tomar contacto con el exterior. Decidimos ir a dormir para que las horas pasaran más rapido, a demás, al otro día tenía que ir a trabajar. Pero nadie durmió. Creo que hubieron replicas del terremoto cada cinco minutos, las que fueron de una considera magnitud. Tal situación nos impidió cerrar los ojos.
martes, 2 de marzo de 2010
Capítulo 44: 8,8
Recuerdo que sentí que John me despertaba con desesperación. Mi papá le decía a Simón que despertara. Camilo decía todos los garabatos habidos y por haber. La cama se azotaba con fuerzas descomunales de un lado a otro. La casa crujia con un poder que nunca habia sentido. Podía escuchar a los perros de mis vecinos ladrando con desesperación, y en la lejania de Casas Viejas a otros canes en igual situación. Las puertas y ventanas se estremecían dentro de sus marcos. Al levantarme, la oscuridad y el vaivén de la casa me desorientó. En realidad no asimilaba bien lo que pasaba. Corrí hasta la puerta de la pieza y me afirmé, junto a John y Camilo, del marco de ésta, mientras que bajo de nosotros se producía uno de los cinco terremotos más poderosos de la historia de la humanidad.
Aferrado al marco y jurando no soltarme, logré sentir que mis brazos se estremecian con desenfreno. Parecia que no iba a parar, y el pasar de los segundos hacia más intenso el choque de las masas de tierras provenientes de las impredecibles placas tectonicas.
"¿Por qué no para?" recuerdo que me pregunté, sin embargo no hubo respuestas.
Hasta que los dos minutos de terror llegaron a su fin. El vaivén cesó y el ruido desapareció, dando paso a las preguntas y los gritos de mujeres multiplicandose por todo el rededor.
"Fue un terremoto" decretó mi papá "Bajen con Simón" nos dijo a nosotros, mientras él se vestía. La oscuridad hacia difícil la acción de tomar las prendas tiradas en el suelo. Sin embargo, y a pesar de los dos litros de cerveza en el cuerpo, recordaba muy bien que habia tirado los bluejeans a los pies de la cama.
"Fue fuerte, güeón" me dijo John, riendose por los nervios.
"No paraba nunca" le dijo yo.
Al llegar a la planta madre de la casa, el crujido de vidrios bajo mis zapatillas acusó la caida de un florero desde la mesa del comedor. La oscuridad aportaba su cuota de terror a la situación que estaba en pañales. Busqué mis audifonos para encender la radio en mi celular, en el momento que mi viejo se disponía a salir, situación que yo no entendia.
"Voy a buscar a tu mamá" me dijo.
Con todo lo sucedido, había olvidado que mi madre se estaba quedando donde Daen, para cuidar a Isabella, la hija de ésta, y sin lugar a dudas el fuerte movimiento telurico debería haberla despertado.
"Yo me quedo con los chiquillos acá" le dije a mi papá.
"Yo quiero ir" le dijo Simón aferrandose a su pierna. No era el momento de discuterle al menor de nosotros tres.
"Vamos" le dijo mi papá y sus cuerpos se sumieron en la oscuridad de la noche.
"... según confirmación por parte de la ONEMI" decia el locutor de la radio Cooperativa por el altoparlante de mi celular. Con John y Camilo nos encontrabamos afuera, en el jardín de la casa, escuchando la radio, atento a lo sucedido "... el movimiento percibido a las 3:34 de la madrugada, fue de 8,8 en la escala de Reisther, con una duración de dos minutos aproximadamente. Este fuerte terremoto tuvo como epicentro la ciudad de Concepción, especificamente a noventa kilometros al norte de Concepción"
"¡Concepción!" exclamé "Mary"
Era increible. Hace una hora y media estuvimos hablando con ella y hace poco minutos había vivido la experiencia de estar a kilometros del epicentro. Recuerdo que desconecté el auricular y en compañia de John, traté de comunicarme con ella.
Aferrado al marco y jurando no soltarme, logré sentir que mis brazos se estremecian con desenfreno. Parecia que no iba a parar, y el pasar de los segundos hacia más intenso el choque de las masas de tierras provenientes de las impredecibles placas tectonicas.
"¿Por qué no para?" recuerdo que me pregunté, sin embargo no hubo respuestas.
Hasta que los dos minutos de terror llegaron a su fin. El vaivén cesó y el ruido desapareció, dando paso a las preguntas y los gritos de mujeres multiplicandose por todo el rededor.
"Fue un terremoto" decretó mi papá "Bajen con Simón" nos dijo a nosotros, mientras él se vestía. La oscuridad hacia difícil la acción de tomar las prendas tiradas en el suelo. Sin embargo, y a pesar de los dos litros de cerveza en el cuerpo, recordaba muy bien que habia tirado los bluejeans a los pies de la cama.
"Fue fuerte, güeón" me dijo John, riendose por los nervios.
"No paraba nunca" le dijo yo.
Al llegar a la planta madre de la casa, el crujido de vidrios bajo mis zapatillas acusó la caida de un florero desde la mesa del comedor. La oscuridad aportaba su cuota de terror a la situación que estaba en pañales. Busqué mis audifonos para encender la radio en mi celular, en el momento que mi viejo se disponía a salir, situación que yo no entendia.
"Voy a buscar a tu mamá" me dijo.
Con todo lo sucedido, había olvidado que mi madre se estaba quedando donde Daen, para cuidar a Isabella, la hija de ésta, y sin lugar a dudas el fuerte movimiento telurico debería haberla despertado.
"Yo me quedo con los chiquillos acá" le dije a mi papá.
"Yo quiero ir" le dijo Simón aferrandose a su pierna. No era el momento de discuterle al menor de nosotros tres.
"Vamos" le dijo mi papá y sus cuerpos se sumieron en la oscuridad de la noche.
"... según confirmación por parte de la ONEMI" decia el locutor de la radio Cooperativa por el altoparlante de mi celular. Con John y Camilo nos encontrabamos afuera, en el jardín de la casa, escuchando la radio, atento a lo sucedido "... el movimiento percibido a las 3:34 de la madrugada, fue de 8,8 en la escala de Reisther, con una duración de dos minutos aproximadamente. Este fuerte terremoto tuvo como epicentro la ciudad de Concepción, especificamente a noventa kilometros al norte de Concepción"
"¡Concepción!" exclamé "Mary"
Era increible. Hace una hora y media estuvimos hablando con ella y hace poco minutos había vivido la experiencia de estar a kilometros del epicentro. Recuerdo que desconecté el auricular y en compañia de John, traté de comunicarme con ella.
sábado, 27 de febrero de 2010
Capítulo 43: Cataclismo (Antes)
Nos bajamos y la noche fría e hinospita nos atrapó. Para capear la sensación de escalofrío echamos las manos a los bolsillos y encogiendonos un poco de hombros comenzamos a caminar rapido por la planicie de la meseta. El lugar acusaba con silencio la ausencia de todo tipo de vida. Sólo en los arboles que franquean el comienzo del camino se escuchaba el desordenado canto de miles de grillos. Y al ir avanzado poco a poco se podía empezar a divisar el enjambre de luces conformado por todas las casa de los condominios de Eyzaguirre.
"Voy a llamar a Mary" le dije a John.
Le prometí llamar durante la noche, y no enviarle el mensaje de texto jurado. Tenía que llamarla antes de bajar la loma, porque después cuesta un tanto captar la señal desde la antena telefónica que está apostada en lo más alto del cerro La Ballena. Busqué, riendo de la sensación del alcohol recorriendome la cabeza, su nombre en la lista de contactos en mi celular. Cuando pude por fin presionar el 6 y ver aparecer el grupo de nombres que comienza con la letra "M", descendí hasta su presencia en la tarjeta de memoria de mi celular y presioné el botón con el símbolo del teléfono de color verde.
"¿Está llamando?" me preguntó John.
Asentí. La llamada entró a su celular según el tono intermitente del sonido de acceso, hasta que derepente se cortó y su voz tierna y a la vez dudosa me habló. Faltaba 1 hora y media para el terremoto grado 8,8 en Concepción, ciudad donde María vive.
"¡Mary! ¿Cómo estas, mi amor?" contesté con locura y gritos.
"¡Bien, hijo de tu madre! Denante no te escuchaba ni una güea"
"Lo que pasa es que estabamos dentro del pub y había demasiada gente y tú sabí po', el sonido se hace nada"
Para que mi amigo participara de la conversación, activé el altavoz de mi celular y Mary ya era escuchada por los dos y la loma entera.
Mientras caminabamos, bromeabamos con nuestra borrachera y hablamos un poco de mi visita programada para el tres de Marzo. Es extraño recordar que le dije que la amaba mucho y que se cuidara, sólo porque lo siento y no por pensar que algo tan terrible podría pasar.
Después de unos minutos de caminata por la deshabitada calle, llegamos a mi casa. En el living Camilo veía la que sería la última noche del Festival de Viña del Mar, y mi padre bajaba desde el segundo piso para decirme que durmieramos en la cama de él y mi madre, ya que para comodidad de nosotros dormiría en mi cama. Le dije a John que subieramos a dormir y no nos quedaramos a ver la competencia internacional, ya que el sueño me tenía totalmente destruido, sumado a las dos cervezas que me tomé y mi jornada de trabajo por cumplir al otro día.
Apenas abrí la puerta, me quité las zapatillas, los calcetins y los blujeans. Programé el despertador a las 9:45 de la mañana, para tener tiempo de afeitarme. Puse el celular bajo la almuhada, queriendo asegurar mi despertar y me entregué al poder de mi cansancio.
"Voy a llamar a Mary" le dije a John.
Le prometí llamar durante la noche, y no enviarle el mensaje de texto jurado. Tenía que llamarla antes de bajar la loma, porque después cuesta un tanto captar la señal desde la antena telefónica que está apostada en lo más alto del cerro La Ballena. Busqué, riendo de la sensación del alcohol recorriendome la cabeza, su nombre en la lista de contactos en mi celular. Cuando pude por fin presionar el 6 y ver aparecer el grupo de nombres que comienza con la letra "M", descendí hasta su presencia en la tarjeta de memoria de mi celular y presioné el botón con el símbolo del teléfono de color verde.
"¿Está llamando?" me preguntó John.
Asentí. La llamada entró a su celular según el tono intermitente del sonido de acceso, hasta que derepente se cortó y su voz tierna y a la vez dudosa me habló. Faltaba 1 hora y media para el terremoto grado 8,8 en Concepción, ciudad donde María vive.
"¡Mary! ¿Cómo estas, mi amor?" contesté con locura y gritos.
"¡Bien, hijo de tu madre! Denante no te escuchaba ni una güea"
"Lo que pasa es que estabamos dentro del pub y había demasiada gente y tú sabí po', el sonido se hace nada"
Para que mi amigo participara de la conversación, activé el altavoz de mi celular y Mary ya era escuchada por los dos y la loma entera.
Mientras caminabamos, bromeabamos con nuestra borrachera y hablamos un poco de mi visita programada para el tres de Marzo. Es extraño recordar que le dije que la amaba mucho y que se cuidara, sólo porque lo siento y no por pensar que algo tan terrible podría pasar.
Después de unos minutos de caminata por la deshabitada calle, llegamos a mi casa. En el living Camilo veía la que sería la última noche del Festival de Viña del Mar, y mi padre bajaba desde el segundo piso para decirme que durmieramos en la cama de él y mi madre, ya que para comodidad de nosotros dormiría en mi cama. Le dije a John que subieramos a dormir y no nos quedaramos a ver la competencia internacional, ya que el sueño me tenía totalmente destruido, sumado a las dos cervezas que me tomé y mi jornada de trabajo por cumplir al otro día.
Apenas abrí la puerta, me quité las zapatillas, los calcetins y los blujeans. Programé el despertador a las 9:45 de la mañana, para tener tiempo de afeitarme. Puse el celular bajo la almuhada, queriendo asegurar mi despertar y me entregué al poder de mi cansancio.
viernes, 26 de febrero de 2010
Capítulo 42: Atestado
La busqué por pasillos largos y fríos. No habia nadie en el espacio. Estaba todo demasiado silencioso. La noche anterior había encontrado fotos suyas con el antiguio uniforme. Y cuando nos topamos en la escalera que conecta con las oficinas del segundo piso, estaba vestida como tal y sus extraños risos mojados.
"Anda a dejarme"
"No" dijo riendo.
Estoy empezando a odiar el verano. Odio levantarme para ir a acostarme al sillón. Me sé de memoria el nombre de cada botón de mi pantalla LCD, que no me sirve de mucho, porque la güea de computador con suerte me deja descargar una imagen desde algún sitio de internet de dudosa procedencia. No, no navego por sitios pornos. Es que como ahora tengo celular nuevo, he dado miles de vueltas por Google buscando fotos que hagan parecer más vanguardista la apariencia de mi celular, acorde a su color negro y la caracteristica slaider. No me acuerdo exactamente bien, pero desde hace un tiempo que siempre había querido un celular con esa caracteristica. Aaaa, ya sé. En Matrix, la primera, hay una escena en que Neo, personificado por Reves, recibe un paquete entregado por Fedex. En su interior venía un celular, el cual comienza a sonar al instante que lo toma con la mano ¿Y qué hace? Presiona un pequeño botón y la pantalla se dispara hacia arriba, quedando al descubierto el teclado. Bueno, el LG que le compré a la rubia del Almacenes Paris en Providencia, no tiene ese botoncito, pero si su pantalla se desliza hacia arriba. No, no soy un maniaco de los celulares como John. Ese güeón se compra cada seis quincena un celular, y cada vez con una nueva caracteristica. Yessenia dice que a mi me va a pasar lo mismo, que el que tengo ahora se va a echar a perder y que me voy a comprar uno más caro. No creo.
Y en la tarde espero las noticias, mientras que mi madre se pasea de acá para allá con una escoba, con una torre de ropa en los brazos, con sus niñas, así les dice a las decenas de plantas que tiene como plaga en todo el patio. Se las tuve que regar cuando se fueron seis días a Los Vilos. Pero te prometo que nunca, nunca les hablé. No entiendo por qué hay gente que les habla, como si tuvieran oidos o que sé yo.
Que asqueroso verano. Parece que prefiero mil veces ir todo apretado en el metro al instituto que ver los reportajes del Festival de Viña del Mar y que a Raphael se le cayó un diente. Después un padre dice que Dios es la única salvación y yo me pregunto de chucha ha estado todo este verano Dios. Tiene que andar de vacaciones en otras realidades, inconcebibles para nuestro intelecto. Lo mejor es ver a la psicopata de Flora enfrentarse a su hija y a Severino. Es lo que más se acerca a un rato de ficción y drama. ¿Después? Un chequeo a mi lista de Messenger. Tres idiotas conectados. Abro el Word y no sale nada de mis dedos. Quizá un vampiro de la epoca de Independización. Sería una buena historia.
Ni buena tengo la cámara para capturar algo por ahí. ¿Y la Mary? Mi amiga me queda a quince minutos a pies hasta el paradero, cinco minutos en micro hasta el metro, cuarenta y tanto minutos hasta el terminal de buses Sur, y seis largas y sudadas horas en bus hasta Concepción. Yessenia en el trabajo, y aunque estuviera en la casa, el sol no deja caminar con un principio de infarto bajo su poderosa soberania. Pero pucha que extraño a esa enana. Su risa infantil y los momentos de ternura que le bajan.
Las horas sin hacer nada me hacen creer que el humano es un pedazo de animal inconformista, y no entiendo por qué cuando estamos colapsando a mitad de Agosto, deseamos con tantas ganas unas ¿merecidas? vacaciones. Somos un verdadero chiste, y como dice mi mujer: estamos locos.
"Anda a dejarme"
"No" dijo riendo.
Estoy empezando a odiar el verano. Odio levantarme para ir a acostarme al sillón. Me sé de memoria el nombre de cada botón de mi pantalla LCD, que no me sirve de mucho, porque la güea de computador con suerte me deja descargar una imagen desde algún sitio de internet de dudosa procedencia. No, no navego por sitios pornos. Es que como ahora tengo celular nuevo, he dado miles de vueltas por Google buscando fotos que hagan parecer más vanguardista la apariencia de mi celular, acorde a su color negro y la caracteristica slaider. No me acuerdo exactamente bien, pero desde hace un tiempo que siempre había querido un celular con esa caracteristica. Aaaa, ya sé. En Matrix, la primera, hay una escena en que Neo, personificado por Reves, recibe un paquete entregado por Fedex. En su interior venía un celular, el cual comienza a sonar al instante que lo toma con la mano ¿Y qué hace? Presiona un pequeño botón y la pantalla se dispara hacia arriba, quedando al descubierto el teclado. Bueno, el LG que le compré a la rubia del Almacenes Paris en Providencia, no tiene ese botoncito, pero si su pantalla se desliza hacia arriba. No, no soy un maniaco de los celulares como John. Ese güeón se compra cada seis quincena un celular, y cada vez con una nueva caracteristica. Yessenia dice que a mi me va a pasar lo mismo, que el que tengo ahora se va a echar a perder y que me voy a comprar uno más caro. No creo.
Y en la tarde espero las noticias, mientras que mi madre se pasea de acá para allá con una escoba, con una torre de ropa en los brazos, con sus niñas, así les dice a las decenas de plantas que tiene como plaga en todo el patio. Se las tuve que regar cuando se fueron seis días a Los Vilos. Pero te prometo que nunca, nunca les hablé. No entiendo por qué hay gente que les habla, como si tuvieran oidos o que sé yo.
Que asqueroso verano. Parece que prefiero mil veces ir todo apretado en el metro al instituto que ver los reportajes del Festival de Viña del Mar y que a Raphael se le cayó un diente. Después un padre dice que Dios es la única salvación y yo me pregunto de chucha ha estado todo este verano Dios. Tiene que andar de vacaciones en otras realidades, inconcebibles para nuestro intelecto. Lo mejor es ver a la psicopata de Flora enfrentarse a su hija y a Severino. Es lo que más se acerca a un rato de ficción y drama. ¿Después? Un chequeo a mi lista de Messenger. Tres idiotas conectados. Abro el Word y no sale nada de mis dedos. Quizá un vampiro de la epoca de Independización. Sería una buena historia.
Ni buena tengo la cámara para capturar algo por ahí. ¿Y la Mary? Mi amiga me queda a quince minutos a pies hasta el paradero, cinco minutos en micro hasta el metro, cuarenta y tanto minutos hasta el terminal de buses Sur, y seis largas y sudadas horas en bus hasta Concepción. Yessenia en el trabajo, y aunque estuviera en la casa, el sol no deja caminar con un principio de infarto bajo su poderosa soberania. Pero pucha que extraño a esa enana. Su risa infantil y los momentos de ternura que le bajan.
Las horas sin hacer nada me hacen creer que el humano es un pedazo de animal inconformista, y no entiendo por qué cuando estamos colapsando a mitad de Agosto, deseamos con tantas ganas unas ¿merecidas? vacaciones. Somos un verdadero chiste, y como dice mi mujer: estamos locos.
jueves, 28 de enero de 2010
Capítulo 41: Casi...
Me di cuenta de la verdad y el momento me pilló mal parado sobre ella. Me estaba mirando con la mano como vicera. El sol golpeaba fuerte la costa. Y esperó a que yo cediera o perdiera. E inutilmente negué con la cabeza. Notó el gesto y se abalanzó sobre mí para tratar de sacarme la información, pero procuré no decir nada y convertir su misión en un fracaso. Es mejor contemplar el mar y esperar. Lo de ahora ahora, y lo de más adelante más adelante.
martes, 26 de enero de 2010
Capítulo 40: ¿?
En las noches tibias de este maldito verano se recuesta de espaldas hacia la pared, y no respira, tan sólo está ahí en silencio, quizás esperando a que la toque. Su espalda está blanca igual que la última vez que la toqué, en el momento que lloraba de pena, excusandose al decir "Nunca pensé que iba a escuchar decir eso" El persa es largo y atestado siempre de gente. A veces te tienes que detener para que la señora de trece metros más adelante destranque el coche con su bebé en el interior y todo pueda empezar a fluir. A veces sueño con los muelles de Punta del Este con alguna persona que nunca jamás pensé estar, sonriendome mientras yo escurro los dedos de mis pies en el agua negra de oscuridad. Me giro hacia el otro lado de la cama y sus manos no me tocan. Agudizo mi oido para escuchar el sonido de la bocina sonando a la entrada del condominio pero no hay nada. Me teletransporté hasta el sur y entré por la ventana de su pieza de la residencial a un costado de la carretera austral "Vamonos de aquí. Deja de sufrir" Y trato de crear pero nada sale desde lo hondo de mi cerebro. Creo que me estoy fundiendo. Me asomo por la ventana y a lo lejos se puede escuchar el paso del Maipo correr furioso hacia el Pacífico "El jueves no me falles" Me vuelvo a internar en las tapas y busco ahogar los deseos, de no ser tan iluso y respetar un poco más a la realidad ¿Cuantas veces no lo has arruinado diciendo estupideces? ¿Cuantas veces no lo has arruinado diciendo estupideces? ¿Cuantas? ¿Cuantas? ¿Cuantas veces no lo has arruinado? En la playa se escucha la voz de los jovenes extasiados y decidimos besarnos porque ya no hay nadie más en el mundo. Todos nos han dañado y sabemos por ciencia exacta que entre nosotros nunca habrá dolor. Somos la necesidad del otro y la gente ya no está. No hay. Eres un iluso, un ilusoooooooooo. ¿Quién arruinó la relación con Nathalia? ¿Quién? ¿Quién? Fuiste tú, tú dejaste a Daniela por nada y ahora... ¿Lo tienes todo? Siempre dices estupideces, siempre, siempre, siempre, siempre, siempre, nunca dirás algo que complasca a nadie. Todos esperan tu voz, pero no tienes garganta. Siempre dices estupideces. Siempre la jodes. Siempre arruinas todo. Se levanta llorando y corre por las tablas que se desmoronan tras sus pasos agitados y el muelle se destruye y es absorbido por el mar enardecido. La loma cada día parece empinarse más y cuesta entender que el vaso no tiene que estar lleno para quel trago sea sabroso. David aparece entre medio de la gente y no soy capaz de darle la cara. "Voy y vuevlo" "Me acosté con él" "Cambia el chip" "¿Te cuestionas esto?" "El jueves no fallarás" Las personas te quieren y no por quererte desean abrasarte todo el día. Al despertarse hablan y rien, se besan y quizás se tocan. Hay que seguir sin importa lo que pase. Pase lo que pase, sea lo que sea. Ojalá algún día esté arriba del arcoiris. Esto es extraño y nada me puede hacer entender. Que ganas de volver al origen y arreglar la falla. Pero ¿Serviría de algo? "Al otro día trabajo" Las personas no son como queremos y ellos son todo lo que queremos. A veces desearía tan sólo desmembrar de mi cerebro la parte que razona y piensa.
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